Francisco Meneses*
Recientemente leí la denuncia del padre (Ernesto) Cardenal sobre la empresa Solentiname Tour. Yo soy una de las personas indignadas con la indebida actuación del dueño de esa tour operadora, señor Inmanuel Zerger, que tanto a mí como a muchos otros que les solicitamos información para viajar a Solentiname en Semana Santa nos dijo que no había cupo en ningún hospedaje del archipiélago.
Más tarde pude constatar que en la comunidad del padre Cardenal funciona un albergue; que algunos campesinos también tenían casitas disponibles para recibir turistas; además del albergue Solentiname de doña Mariíta Guevara. Resultó que el único lugar donde no había hospedaje era en el Hotel Mancarrón, que dicho sea de paso, era administrado por Solentiname Tour y se encuentra intervenido y cerrado por un conflicto judicial.
Había escuchado hablar sobre el paisaje de Solentiname y su historia; era el colmo que mis amigos extranjeros conocieran este lugar y yo siendo nicaragüense sólo lo hubiera visto por televisión. Así que decidí arriesgarme, y las cosas no resultaron nada mal. Este fue mi primer viaje, y el señor Zerger no tenía derecho de saboteármelo. Tampoco tenía derecho de engañar a tantas personas que estamos muy disgustadas por su actuación. En todo caso tampoco tenía ni tiene derecho a sabotear el desarrollo turístico de la zona con sus mentiras. Si él o su agencia tienen problemas legales es su asunto; no debería perjudicar el turismo de Solentiname.
Es lamentable que una touroperadora intervenga negativamente en el avance del turismo nacional, rubro de obvio potencial e importancia para Nicaragua.
* (Estudiante universitario)