Pensando en grande

Mario R. España

Conversando con un amigo, éste me dijo: “Mirá, el día que lea en el periódico una buena noticia me como de desayuno”.

Por supuesto que de primas a primeras me pareció que estaba exagerando. Pero esta actitud y los titulares de cada día me han dado bastante que pensar. Porque no se puede ocultar que todo apunta a que estamos mal: Si no es la economía, que no avanza, es el desempleo, o la corrupción, o los buseros, etcétera, etcétera.

Y sí… claro que hay muchas cosas que no andan como quisiéramos. Pero ¿por qué no se habla de lo bueno que también sucede en Nicaragua? ¿Del esfuerzo de tantas personas que día a día trabajan por construir un mejor país? ¿De las esperanzas y pequeños logros? ¿Dónde se habla de los esfuerzos e iniciativas que muchas personas hacen para mejorar la sociedad? De esto casi no se habla, no es noticia, no vende.

Y como muestra, algo que sucede en una industria con la que me toca trabajar: La industria de la confección (algunos la llaman maquila).

Cuando aparecen noticias en los medios sobre la maquila, la mayoría de veces es para hablar de los “abusos”, de los “accidentes”, de las “inconformidades”. ¿Y qué hay de la gran oportunidad que supone esta industria para 50,000 nicaragüenses que tienen un puesto de trabajo? Tampoco se habla de las iniciativas que empresarios de la maquila (que yo conozco personalmente) realizan en beneficio de sus empleados, que sí son un gran beneficio y muestra de responsabilidad social. Otra vez de esto no se habla porque no es noticia…

Pero no me quiero centrar en este asunto, sino más bien mostrar que a veces la gente se deja vencer por el pesimismo: es más fácil decir que algo va mal, que echar el hombro para remediarlo. La gente se conforma con ser espectadora. Pero en estos momentos Nicaragua necesita que todos le echen el hombro.

Cuando vine a Nicaragua, hace ya más de cinco años, me topé con una gente muy alegre, acogedora, esperanzada en el futuro, que ha sufrido mucho pero sabe que es tiempo de levantarse. Y soy sincero, cada día sigo viendo esa chispa de esperanza en los ojos de los nicaragüenses, desde el Presidente de la República hasta el jardinero de mi casa. Sigo viendo ese deseo de despertar, de trabajar hombro a hombro.

Tanto veo ese deseo que me contagio y me siento empujado a trabajar por Nicaragua. Tanto, que cuando amigos me preguntan por qué me vine a Nicaragua, sin dudarlo les respondo: ¡Porque hay tanto por hacer! ¡Porque es una aventura lanzarse a reconstruir un país! Y al mismo tiempo tanta responsabilidad.

Pero lo interesante es que no se trata de hacer grandes cosas, millonarias inversiones, cambios espectaculares. ¡No! Se trata de que cada quien (en la oficina, barriendo la casa, en la universidad, manejando un taxi) ponga todo su empeño en trabajar por el futuro de la Nicaragua.

Se trata de caer en la cuenta de lo importante que es trabajar lo mejor que se pueda; y así, poco a poco, ir apilando los pequeños ladrillos que construirán el edificio de esta gran patria con que soñaba Darío.

Los nicaragüenses deben (debemos) tener ánimo y pensar en grande. Tomar cada uno las riendas del futuro de Nicaragua, metiendo el hombro, y así mañana se podrá estar orgullosos de este gran país. Y quizá dentro de unos 50 años las generaciones futuras agradezcan ese esfuerzo que se ponga hoy, y quizá se es ejemplo para que sigan tirando para adelante.

El autor es gerente de la Comisión de Manufactura Ligera.  

Editorial
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