Justicia por sorteo

Sergio [email protected]

El jurado, siempre lo he manifestado, es una institución en decadencia, económicamente onerosa y generadora de inseguridad jurídica: “condena al inocente y absuelve al culpable”. Ni en el Código de Instrucción Criminal derogado ni en el Código Procesal vigente el jurado no da ningún tipo de garantía a la sociedad de que sus veredictos serán expresión de las reglas del debido proceso.

En el seno del jurado se realiza un juego perverso como el de la “ruleta rusa”, los miembros del jurado al escuchar el debate entre el fiscal y el defensor les pasa ni más ni menos como a un abogado que le hablan de arquitectura, nada que ver, ni idea del tema. Lo duro de esta situación es que al final, entiendan o no lo que sucede en el tinglado de la justicia, los miembros del jurado tienen que emitir un veredicto sea o no de culpabilidad, contrario del abogado que no se atreverá o si lo intenta no le dejarán hacer un plano para hacer una casa, el jurado, sin saber lo que hace, tiene que hacer de juez, decidir si la persona es o no culpable. ¿Qué les parece?

Los veredictos del jurado son profundamente emotivos, no valoran los medios de prueba aportados en el juicio, responden a “sentimientos” sociales, políticos, culturales de cada miembro que lo integra, además éstos no tienen la menor idea de cómo determinar técnicamente la responsabilidad de una persona en los hechos que se le acusan, para ello es necesario un técnico llamado “juez”. Y aunque valoren los medios de prueba, difícilmente sabrán qué hacer con los mismos para determinar técnicamente si la persona cometió o no tal o cual delito. No quiero decir con esto que los abogados sean los poseedores de la verdad, sino que, igual que el médico, el químico, poseen una formación técnica especial que permite, a través de la figura del juez, con mayor seguridad jurídica establecer si el acusado realizó o no un delito. Popularmente diríamos, “zapatero, a tus zapatos”.

La CSJ invierte mucho dinero propio y de la cooperación internacional para capacitar a los jueces para que al final el jurado sea quien tome la decisión de quién es o no culpable, una grave contradicción. El jurado debe eliminarse y fortalecer la figura del juez constitucional único legal y técnicamente preparado para determinar con mayor seguridad quién cometió o no un delito. El juez tiene que extraer o identificar de los medios de prueba los elementos que el delito exige para su constitución, pero además conocer muy bien el delito de que trata el juicio, es una labor seria y delicada, similar a la operación que hace un cardiólogo, que no la puede hacer cualquier médico mucho menos una persona que no lo sea. La persona tiene derecho a una justicia de calidad, impartida por un juez, no a una justicia de “sorteo”, como la lotería, que el jurado imparte.

El jurado se ha convertido en una forma de vida ante la situación económica del país, ya que por integrarlo reciben una “paga” y “alimentación”. Con la permanencia del jurado la figura y valor constitucional del juez se margina, deteriora y puede caer en el olvido total.

El autor es catedrático de Derecho Penal y Criminología.  

Editorial
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