Poco antes de caer la noche, dos jóvenes prostitutas entran al vehículo de un cliente en una calle de la industrial ciudad de San Pedro Sula, al norte del país vecino. El proxenetismo, las bandas delictivas juveniles conocidas como “maras”, y los traficantes que movilizan menores a las vecinas El Salvador, Nicaragua, Guatemala e incluso a México, son factores que contribuyen a este fenómeno. (Cortesía de El Heraldo (Tegucigalpa))

Con ojos cerrados ante un feo rostro

La prostitución infantil aumenta en Honduras y poco o nada se hace para remediar un mal socialmente tolerado Gustavo PalenciaReuters TEGUCIGALPA.- Ericka, de 14 años, camina cargando a su hija de cuatro meses por una sucia calle de Tegucigalpa, donde se prostituye junto a un enjambre de menores que esperan clientes en las afueras de […]

  • La prostitución infantil aumenta en Honduras y poco o nada se hace para remediar un mal socialmente tolerado

Gustavo PalenciaReuters

TEGUCIGALPA.- Ericka, de 14 años, camina cargando a su hija de cuatro meses por una sucia calle de Tegucigalpa, donde se prostituye junto a un enjambre de menores que esperan clientes en las afueras de un precario hospedaje.

“Yo soy prostituta desde que tenía 12 años. Mi otra hermana de 16 años también se lleva aquí, y la mayor que tiene 22 años se dedica también a la prostitución”, dijo a Reuters la joven de cabello negro y figura infantil.

La prostitución de menores, un fenómeno creciente y tolerado socialmente en Honduras –donde un 80 por ciento de sus 6.5 millones de habitantes vive en condiciones de pobreza– involucra incluso niños de apenas cinco años, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

“Yo me hago a veces 300 ó 400 lempiras (11.6 ó 17.4 dólares) diarios. De esto vivimos yo y mi hija”, dijo Ericka, rodeada de otras niñas prostitutas en una concurrida zona comercial en las cercanías del mercado San Isidro.

FACTORES

Expertos aseguran que la prostitución infantil es estimulada, además de la pobreza y la agresión en la familia, por el proxenetismo, las bandas delictivas juveniles conocidas como “maras” y los traficantes que movilizan menores a las vecinas El Salvador, Nicaragua, Guatemala e incluso a México.

La actividad es notoria en las calles, especialmente en Tegucigalpa y la norteña ciudad de San Pedro Sula, y otras ciudades del interior del país, en las llamadas “zonas de tolerancia”, aunque la prostitución en general está proscrita.

“La prostitución de niñas y niños en las ciudades de Honduras es vista como parte del paisaje. Como algo que ocurre, simplemente somos un país pobre y hay que aceptarlo”, dijo la oficial de Derechos del Niño de la Unicef, Marta Obando.

Advirtió que aunque el problema “es grande”, Honduras no cuenta con infraestructura estatal para prevenir y combatir la prostitución infantil.

HUECOS LEGISLATIVOS

La legislación no establece la figura de la explotación comercial sexual de la niñez, y la que se aplica o es muy débil o simplemente no tiene como fin eliminar las causas del fenómeno, sino reprimirlo para ocultarlo, afirmó.

“No tenemos cifras sobre prostitución infantil, pero sabemos que es un mal creciente. En las calles se miran cada vez más menores en esas prácticas”, dijo la directora del privado Centro de Estudios de la Mujer de Honduras (CEMH), Mirta Kennedy.

“Muchas jóvenes están en condiciones de esclavitud, ya sea en poder de proxenetas, sus mismas familias o de ‘maras’. Se prostituyen para proveer fondos a estas maras, proxenetas o sus familias”, comentó.

“La sociedad y el gobierno debemos unirnos y hacer la guerra contra este penoso flagelo que sufre un sector de la niñez de Honduras”, dijo la jefa de la Comisión de la Niñez y la Mujer del Congreso, Lilian Jiménez.

Marlina, una joven de 16 años, contó que abandonó su hogar en el barrio marginal “La Providencia”, al este de Tegucigalpa, cuando tenía 10 años “porque me pegaban mucho”.

“Algún día yo voy a dejar de vivir de esto. Por ahora estoy bien, pero no voy a poder vivir toda la vida de que los hombres me paguen por acostarme con ellos”, dijo.

ACEPTACIÓN CULTURAL

En Honduras, casi medio millón de niños está incorporado al mercado de trabajo para ayudar a la manutención de sus familias, en un fenómeno creciente en un país donde la mitad de la población la constituyen menores de 18 años. “En Honduras existe una cultura de aceptación de que estas niñas sean objeto de comercio. Es permitido socialmente que personas adultas busquen niñas y niños para el comercio sexual”, expresó la activista Mirta Kennedy.  

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