Mauricio [email protected]
La reforma tributaria reciente y sorpresivamente aprobada a una velocidad asombrosa, lejos de ser equitativa y procurar una mayor recaudación, producirá un efecto totalmente contrario.
El principio sustentado de que el que más tiene debe pagar más, es indiscutiblemente un principio de elemental justicia tributaria. Sin embargo, el Poder Ejecutivo utilizó equivocada o engañosamente este principio para ceder y someterse a las políticas de imposición de organismos internacionales, y también someternos a los nicaragüenses a mayores cargas impositivas.
En la recién aprobada reforma vale la pena destacar dos de sus múltiples artículos; gravaron con impuesto los ahorros de más de cinco mil dólares. Ponerle impuestos a estos ahorros resulta totalmente contraproducente por tres razones fundamentales; primero porque se presume que en alguna medida esos ahorradores ya pagaron impuesto antes de depositarlos en el banco, pues los mismos se consideran que son producto de un salario percibido o bien de utilidades de alguna transacción o negocio realizado y por los cuales ya pagaron impuestos; en segundo lugar, porque esos ahorros en muchos casos son producto del trabajo, sacrificio y privaciones de muchos años, y tercero porque esta ley desincentiva el ahorro de parte de los ciudadanos.
Cuando se dio la quiebra del Banco del Café recuerdo haber visto el testimonio dramático de dos personas sencillas y humildes. Un señor de Bluefields y otra señora de Managua, llorando ante las cámaras por la posibilidad de perderlo todo, uno con 30 mil y la otra con 20 mil dólares cuyos ahorros eran producto del trabajo de toda una vida. Ante esas realidades, deberían las autoridades responsables de la elaboración de este tipo de leyes preguntarse: ¿Es justo gravar con más impuestos a este tipo de ahorradores?
El otro artículo que vale la pena destacar es el que establece cárcel por evasión fiscal. Históricamente en Nicaragua la Dirección General de Ingresos ha sido utilizada como instrumento de presión y represión política, y esta vez no será la excepción. Hubiera sido mucho más conveniente y práctico haber sancionado fuertemente de otra manera al evasor.
El resultado de esta reforma predecible. A más impuestos mayor evasión. La reforma desincentiva la inversión y, lógicamente, al generarse menos empleo, traerá como consecuencia mayor pobreza. En otras palabras, la ley agudizará la pobreza de tal manera que pareciera que el Gobierno está a favor y no en contra de ésta, y es posible que esa precisamente haya sido una de las razones que impulsó al sandinismo a correr a aprobar la ley, con la idea de que con una agudización de la pobreza existiría para ellos mayores posibilidades de triunfo en las elecciones generales del 2006.
Aunque el Gobierno no lo dice, estas soluciones las impone a todos los nicaragüenses porque son en gran parte para el pago de la deuda interna, producto del saqueo sandinista y la quiebra fraudulenta de los bancos.
El autor es médico.