En letra pequeña

Fabián [email protected]

POLICÍAS Y LADRONES

Un policía nicaragüense es un hombre, o mujer, que tiene un mísero salario, un arma y, por su oficio, conoce el mundo del crimen. Si a este cóctel, se le agregan escasos y torpes controles como se ha denunciado, no hay que extrañarse encontrar uniformados en las organizaciones criminales que operan en Nicaragua. Lo que sucede es que los jefes de la Policía han estado más preocupados por engordar sus propios salarios y negocios particulares de taxis, buses, y demás, que por cumplir el encargo que les ha hecho la sociedad. Los de abajo también, aparentemente, están haciendo lo suyo. Y si ya se ha llegado al punto de tener que cuidarnos por igual de policías y ladrones, mejor cerrar el país e inventar uno nuevo.

PAÍS DESCARTABLE

Para terminar de rematar a Nicaragua, hacer del volcán Masaya un basurero y del Río San Juan una pila séptica. No, es que no bastaba con haber convertido el lago de Managua en una cloaca, hay que acabar con todo como si éste fuese un país descartable, que dura sólo una generación y se acaba con la vida (¿o la estrechez mental?) de estos ingeniosos funcionarios que impulsan semejantes disparates.

FIESTA

El Estado siempre ha sido la ubre de la que se nutren los partidos políticos más vigorosos. Ahí se ve al Frente Sandinista languideciendo en la llanura, y mendigando parte del pastel a través de pactos; o al PLC que se declara en bancarrota una vez que desaparecieron por arte de magia sus misteriosos donantes tan pronto terminó su gobierno. Pero el mejor ejemplo es el nuevo partido de Bolaños, que siguiendo la tradición, se armará con funcionarios del gobierno a quienes se podrá castigar o premiar con el erario la lealtad que manifiesten al nuevo caudillo. Que siga la fiesta, entonces.

JURADOS

Yo creo que es injusto poner a los jurados de conciencia en el banquillo. Al menos ponerlos solos. Es que si se les va a juzgar, hay que buscar un banquillo lo suficientemente grande para que alcancen los magistrados, diputados, jueces, y su versión más perniciosa, los temidos jueces suplentes. Todos ellos son los culpables de que los delincuentes sonrían y los inocentes tiemblen cuando entran a un juzgado.

CARTAS

Algunos lectores reaccionaron molestos porque en la columna anterior criticaba a quienes condenan o aplauden los crímenes según quienes los cometan y no por la atrocidad misma. Y ponía como ejemplo, los que jamás condenarían una ejecución después de un juicio sumario, sólo porque quien dispara es Fidel Castro, pero también están lo que aplauden que un país salga por ahí de safari a cazar delincuentes. Y no importa que machaque a otro país para buscar unas armas que luego no encuentra, y que ni siquiera pida disculpas por haber matado a tantos inocentes bajo un pretexto falso.

PACES

Estos lectores dicen que ya no seguirán leyendo mis columnas porque no admiten que se compare a Bush con Fidel. En primer lugar nunca establecí comparaciones entre Fidel y Bush a quienes considero totalmente distintos, aunque igualmente criticables. Y en segundo lugar, confío que estos lectores, que aprecio tanto, hayan llegado hasta esta línea que les demostraría que rompieron su promesa. ¡Y santas paces, pues!  

Editorial
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