El inversionista amigo del doctor Pereira

Sergio Vé[email protected]

Hace pocos días, el Dr. Emilio Pereira Alegría, a través de un artículo titulado “Invirtiendo en Nicaragua”, publicó las explicaciones que le había dado a un inversionista amigo suyo sobre la recién aprobada Ley de Equidad Fiscal, particularmente sobre el pago mínimo por IR equivalente al 1 por ciento de los activos.

Ayer me visitó el inversionista imaginario, amigo del doctor Pereira Alegría, porque no quedó satisfecho con las explicaciones del ex Ministro de Finanzas.

El inversionista me confesó que el proyecto de los C$ 720,000.00 del que le habló al Dr. Pereira era un proyecto nuevo que él estaba pensando implementar en Nicaragua.

Al conocer la verdad, lo primero que hice fue explicarle que según la Ley de Equidad Fiscal, si una empresa tiene activos menores a los US$ 150,000.00 no estaba sujeta al pago mínimo del IR del uno por ciento sobre el valor de sus activos.

Además, como ni siquiera había comenzado el proyecto, había otra buena noticia que al Dr. Pereira se le había olvidado contarle: Durante los primeros tres años después de su creación, la empresa está exenta del pago mínimo a cuenta del IR, para darle chance a que pague IR solamente cuando ya está firme y operando totalmente.

Aprovechando que el inversionista estaba agradecido conmigo por haberle aclarado sobre estos dos temas, que quizás omitió el Dr. Pereira por estar dedicado exclusivamente al manejo de sus múltiples inversiones, le dije que, siendo algo curioso, había algunos aspectos de su inversión que me llamaban la atención y le pedí que si le podía hacer algunas preguntas, a lo cual accedió.

La primera pregunta fue que, si todo era capital propio o había parte de deuda. Me contestó que él estaba poniendo C$320,000.00 y que un Banco le estaba prestando C$400,000.00.

Le pregunté al inversionista por qué C$320,000.00 de capital y no C$300,000.00 ó C$400,000.00. Me dijo que eran C$400,000.00, provenientes de una propiedad confiscada en los 80´s, que le fue indemnizada a principios de los 90´s, pero que esa cantidad era la que le había quedado después de hacer algunos “gastitos”.

Al conocer esto le pregunté si sabía que los bancos aquí le podían pagar ocho por ciento de interés por un certificado de depósito, con lo cual le darían C$25,600.00 anuales por sus C$320,000.00. Me dijo que sí sabía, pero que a él le interesaba el proyecto porque era bueno para él y para Nicaragua, pues generaría exportaciones.

Esta respuesta me sorprendió y le dije que estaba confundido. ¿Cómo era posible que sabiendo que podía ganar C$25,600.00, sin ningún riesgo, iba entonces a prestar C$400,000.00 y a juntarlos con sus C$320,000.00, para sólo ganar C$8,000.00 al año ?

Sin embargo, su respuesta me sorprendió aún más. Me dijo que en realidad el proyecto le iba a dar una utilidad mucho mayor de lo que le había dicho a su buen amigo y ex ministro de Finanzas, pero que, como a nadie le gusta pagar impuestos, mejor no le decía cuánto iban a ser sus verdaderas ganancias.

Le comenté sobre los beneficios que Nicaragua espera obtener de esta reforma fiscal en términos de reducción del déficit público y condonación de la deuda externa, lo cual, unido a los incentivos establecidos para el sector exportador, dará mayor seguridad y beneficios a los inversionistas.

Además le informé que este cobro mínimo por IR calculado como porcentaje de los activos, ya fue propuesto en 1996 en el Proyecto de “Ley de Fomento de la Estabilidad, las Inversiones y el Empleo” que contemplaba un pago del 16 por ciento, iniciativa que finalmente no obtuvo el consenso para ser aprobada.

Al final, el inversionista me agradeció porque le dije la verdad y confesó que estaba empezando a confiar en Nicaragua, porque había podido acudir a un funcionario público y hablar de sus proyectos sin ser confiscado ni tener que pagar mordida.

Entonces llegué a las siguientes conclusiones:

Hay que tener cuidado con los consejos “desinteresados” que los amigos puedan dar.

Los verdaderamente interesados en Nicaragua, harían mucho siendo consejeros oportunos y veraces de los inversionistas.

El mejor incentivo para la inversión es la confiabilidad macroeconómica y el manejo transparente de la cosa pública.

El autor es analista tributario.  

Editorial
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