La droga y “sus agentes”

Freddy Potoy [email protected]

Los mandos de la Policía Nacional deben hacer un alto en el camino y revisar los problemas que afectan a la institución en la lucha contra el narcotráfico. Los jefes policiales deben examinarse si son corresponsables o no de este problema.

Los mandos superiores están obligados a formar mejores agentes que le brinden seguridad y confianza a la población y no que los vean como “los principales traficantes de droga”, como la gente se expresa de ellos en Bluefields, zona Atlántica de Nicaragua.

Lo que publicamos la semana pasada en LA PRENSA sobre la actividad de drogas versus las autoridades policiales, evidenció varios problemas:

1) Falta de un riguroso control, análisis y valoración del trabajo del jefe Antidrogas y sus agentes en esa zona.

2) Falta de una debida y oportuna comunicación de lo que pasa en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), a los mandos centrales en Managua.

3) Falta de una verdadera atención a los agentes antidrogas que están en la primera línea de lucha contra la narcoactividad; son seres humanos y también tienen algo que opinar en un trabajo tan riesgoso donde ellos son los primeros en exponer sus vidas.

4) Las pésimas condiciones materiales con que trabajan los agentes en la RAAS son propicias para que los narcotraficantes vulneren a los policías.

5) Falta de una mejor capacitación de técnica policial y judicial; no es suficiente ser policía con los conocimientos básicos. Un verdadero policía requiere de mayores conocimientos y preparación técnica en su ámbito estrictamente dicho, pero además de eso, necesita bastantes conocimientos jurídicos para reveses.

6) Existe una “buena relación” entre agentes de la Policía Antidrogas e “informantes” que son traficantes de droga. Esto es desafortunado porque sería como que el cáncer le ayude al cuerpo sano a vencer al cáncer.

7) El abandono de los mandos policiales de Managua a los agentes que trabajan en estas zonas difíciles, también es otro punto a tomar en cuenta. Es fácil para un comisionado general, dirigir desde una oficina en la capital con aire acondicionado, café, refresco, el almuerzo a su hora, con un conductor a su disposición que traslade a sus hijos del colegio a su casa, pero no es el caso de un policía de línea que enfrenta la narcoactividad, mal alimentado, expuestos a las metrallas de los narcos y con mucha factibilidad de ser reclutado por estos delincuentes. ¿Quién de los altos jefes policiales ubicados en sus frescas oficinas de Plaza El Sol en Managua, llegó a ver a Felipe, un policía que resultó con una pierna fracturada en un operativo antidroga en uno de los barrios más peligrosos de Bluefields? Felipe ni siquiera tenía dinero para su medicamento. ¿Es una buena oportunidad que tienen los narcos para ayudarle a recuperarse, o no?

Espero que la comisión de alto nivel de la Policía Nacional que investiga lo que pasa con sus agentes y los narcos en Bluefields, vaya a fondo. En Bluefields hay grandes expectativas por las decisiones que tomará el jefe de la institución, primer comisionado Edwin Cordero Ardila. Cordero debe ser más beligerante con su gente en todo el país y no sólo cuando estallen los problemas. Hay que dejar de ser estrategas de salones y estar en constante roce con la realidad.  

Editorial
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