La intriga de los partidos

Los llamados científicos políticos dicen que en Nicaragua los partidos no tienen ideologías, sólo intereses materiales y económicos. En realidad —aseguran—, no existen liberales, conservadores ni socialistas, únicamente sandinistas y antisandinistas.

Pero la verdad es que, por ejemplo, en en el caso de los liberales hay por lo menos cinco partidos que se denominan de esa manera (PLC, PLI, PLD, PLN, PALI, PL 1913), y uno más que está naciendo al amparo del Gobierno con la pretensión de reemplazar a un PLC que está degradado política y moralmente por su apoyo incondicional a la corrupción y al ex presidente Arnoldo Alemán.

Alrededor de una cuarta parte de los ciudadanos reconocen en las encuestas ser liberales o simpatizar con este partido, y de los liberales más del cincuenta por ciento se declaran partidarios del presidente Enrique Bolaños. Por otro lado, más del 20 por ciento de los ciudadanos dice pertenecer al FSLN o simpatizar con él, y un diez por ciento de la ciudadanía se inclina hacia otros partidos, como el Conservador y el MUN. Sin embargo un cuarenta por ciento de los nicaragúenses no está afiliado a ningún partido ni tiene simpatías políticas definidas, aunque vote en las elecciones por las dos corrientes mayoritarias.

Los problemas de los partidos afectan inevitablemente a la sociedad e interesan al público, independientemente de si los liberales se apegan a la doctrina o si los sandinistas son auténticos socialistas, o sólo demagogos sedientos de riqueza, fama y poder.

Por eso es necesario que hasta los adversarios del liberalismo pongan atención a lo que está ocurriendo a este partido que desde 1997 es la fuerza política que gobierna al país, pero que ahora está más dividido que nunca antes desde que perdió el poder junto con el somocismo, en 1979. Y que podría perderlo de nuevo —esta vez por la vía electoral— , salvo que se reunifique ya sea bajo la égida de Arnoldo Alemán, como plantean sus actuales líderes, o sin éste, como al parecer quieren los presidenciables (el vicepresidente de la República, José Rizo y el ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre). O a menos que el nuevo partido liberal “bolañista” logre su propósito de atraer a la base popular que en las dos elecciones anteriores apoyó masivamente al PLC arnoldista.

Quiérase o no, el desenlace de esta intriga de los liberales será determinante para el futuro inmediato del país, en el que no se ve oportunidad para que surja una tercera fuerza ganadora. En realidad, el FSLN sigue siendo una fuerza constante que goza de cuantioso respaldo económico nacional y extranjero, que se mantiene unida alrededor de Daniel Ortega, y que además tiene el apoyo de grupos políticos y personalidades que en el pasado se distinguieron como luchadores por la democracia y ahora viajan en el furgón de cola del tren sandinista.

La democracia requiere de la existencia y el funcionamiento de partidos políticos democráticos, fuertes y confiables. La democracia funciona con eficacia si cuenta con partidos políticos capaces de desempeñar apropiadamente su rol de intermediarios de los ciudadanos con el poder, de instrumentos de la representación popular ante las instituciones del Estado.

Por supuesto que los partidos políticos sólo pueden desempeñar bien esas funciones si son democráticos y tienen programas definidos, realistas y viables; si se fundan en una organización permanente, en una militancia disciplinada y el debate interno; si actúan en forma ética y transparente; y si en las campañas electorales presentan candidatos legitimados por una trayectoria consecuente en competencia profesional y política. De otra manera el pueblo seguirá eligiendo gobernantes débiles que son atrapados por el chantaje político, o tendrá que caer en manos de un régimen fuerte pero arbitrario, alérgico a la libertad y carente de credibilidad política y autoridad moral.

Sin dudas que para la mayoría de los nicaragüenses que no tienen filiación ni simpatías partidistas, es irrelevante si el liberalismo se reunifica en derredor del PLC o si se reorganiza en el nuevo partido liberal llamado bolañista. Lo importante es que las fuerzas democráticas se liberen del lastre de la corrupción y el caciquismo y que se reconstituyan en una alternativa capaz de garantizar la continuidad de la democracia, de proteger las libertades individuales y de resolver los grandes problemas nacionales.  

Editorial
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