Jacinto Villalta López
Los pueblos tienen grandes hombres y mujeres; héroes y heroínas que en determinado momento inflaman de gloria y patriotismo las venas, los pulmones, el corazón, etc. Desde los niños ya con uso de razón hasta los ancianos en sus últimos días, se regocijan con el actuar y desempeño de ciertos patriotas que han puesto en alto los estandartes de la Patria, adornando con sus esfuerzos y sangre muchas veces el altar sagrado de nuestro país.
Sucre Frech (q.e.p.d.), mi ídolo de la narración deportiva, muchas veces puso lágrimas de emoción en mis ojos al describir aquellas peleas legendarias, llenas de indescriptible emoción: “¡Alexis, muchacho loco, me va a dar un infarto!”, casi gritaba Sucre Frech.
Estos recuerdos me emocionan y acongojan, pues traen a mi mente momentos en que todos los nicaragüenses sin excepción nos uníamos con el mismo sentir hacia ese muchacho loco que le daba gloria a nuestra Patria; en esos momentos no estaba tan envenenada de odio la familia nicaragüense y todos sentíamos la fiebre de Alexis pidiendo a Dios por él, para que le diera fuerzas y pudiera salir triunfante, aunque a veces lo viéramos masacrado por los golpes recibidos.
¡Alexis, muchacho loco! En esta ocasión me aflige el hecho de verlo participando en actividades que nunca serán de beneficio para él ni para su familia. Dios puso una estrella en su camino cuya luz es lo único que necesita para hacer algo bueno por su pueblo, sin necesidad de adherirse a un determinado sector. Alexis, el tricampeón mundial de boxeo nos pertenece a todos y por eso aunque gane en la política siempre saldrá perdiendo. El campeón tiene una estrella que le regala su luz exclusivamente y, si sabe utilizarla, puede hacer mucho más por su pueblo que metido en la política.
Mi consejo es que doble sus rodillas y ore al Padre Celestial para que le haga ver el gran potencial que tiene y con el cual puede hacer muchos beneficios a la familia nicaragüense, especialmente a la juventud.