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La negociación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos está por caer en el estancamiento, porque los países del istmo han fallado en sus intentos por lograr una posición unánime para negociar como bloque la protección de los productos que están en desventaja, frente a mercancías estadounidenses que gozan de subsidios.
Aunque Centroamérica es una región pequeña, las economías de sus cinco países son disparejas y en cada uno los intereses varían, incluso ante los mismos productos. El arroz, por ejemplo, está muy protegido en Guatemala con aranceles altos, mientras que en El Salvador y Honduras tiene las imposiciones más bajas porque allí la producción es poca y necesitan importarlo desde Estados Unidos.
Mientras persista esa disparidad, es difícil que las cinco naciones del istmo (Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala) consigan una posición única, con relación a productos como el arroz, para ponerla en la mesa de negociación con Estados Unidos, a pesar de que Washington le pide a Centroamérica propuestas uniformes, de bloque.
El jefe del equipo de negociación de Nicaragua, Carlos Sequeira, dijo que a partir de hoy “cada país jugará solo”, con listas diferentes de los productos que quieren someter a negociación. “Los vientos están soplando con un mayor individualismo”, lamentó, indicando que el TLC dejó de ser, por el momento, el almidón que lograría la unión centroamericana.
El desacuerdo entre los países del istmo surgió alrededor del 20 por ciento de los productos que están en negociación, para competir con los de Estados Unidos en un intercambio libre. El problema es que ese 20 por ciento comprende los bienes de consumo más importantes para la población, como la leche, los frijoles, el arroz y el maíz.
A las empresas centroamericanas que venden productos lácteos, como Dos Pinos de Costa Rica y Parmalat de Nicaragua, les convendría conseguir nuevos mercados con el TLC y exportar, pero también necesitan protección porque la entrada libre a Centroamérica de leche subsidiada, en polvo o líquida, las podría lanzar a un rincón del mercado interno.
El comercio libre será ventajoso para los ciudadanos centroamericanos, en la medida que vengan de Estados Unidos productos alimenticios a bajo precio; pero si esos productos le quitan mercado a las empresas y productores del istmo, la población sufrirá poco a poco otra consecuencia: desempleo. Entre menos leche procese la industria local, menos gente trabajará en las plantas y menos ganaderos venderán el producto.
Por eso todos los gobiernos centroamericanos están interesados en proteger algunos productos claves para sus economías, durante períodos de hasta diez o quince años en que tratarán de desarrollar esas actividades económicas, con nuevas tecnologías, aunque para esto requerirían del apoyo financiero de su nuevo socio: Estados Unidos. Sólo que ahora la negociación será más difícil, porque los países del istmo perdieron fuerza al fragmentar su propuesta.