Lípoli

Mónica Seoane*[email protected] Hace algunos años una amiga mía inventó, de su propia cosecha e inspiración, una nueva palabra: “lípoli”. Decía ella que venía a llenar un vacío importantísimo, una insoportable omisión de la Real Academia de la Lengua Española. Había que tener una palabra que describiera un sentimiento común y horroroso: la vergüenza ajena, sentimiento […]

Mónica Seoane*[email protected]

Hace algunos años una amiga mía inventó, de su propia cosecha e inspiración, una nueva palabra: “lípoli”. Decía ella que venía a llenar un vacío importantísimo, una insoportable omisión de la Real Academia de la Lengua Española. Había que tener una palabra que describiera un sentimiento común y horroroso: la vergüenza ajena, sentimiento que sin duda merece su propia palabra.

Lípoli es lo que uno siente cuando ve al prójimo hacer el ridículo sin ninguna vergüenza o mentir con la mayor cara dura y descaro. Es no tener sentido de lo mal, lo pésimo que está uno quedando.

El tema al que me voy a referir está lleno de lípoli y de otro sentimiento causante de indigestión e insomnio: la indignación. Todo esto es para referirme al caso del nuevo embajador de Nicaragua en Panamá y a unos cuantos viceministerios que en los próximos días pasarán a ocupar los rectilíneos y siempre leales diputados de Camino Cristiano.

Que cargos que deberían estar en manos de gente que los consiguió por los anticuados métodos del trabajo y el profesionalismo sean negociados a cambio de votos es suficiente causa de lípoli e indignación. Que meses después estos mismos cargos sean intercambiados por votos para conseguir la aprobación de la Ley de Equidad Fiscal, por más justa y necesaria que sea, llevan estos sentimientos a nuevas alturas. Pero que encima nos vean las caras de idiotas tratando de convencernos de que todo fue hecho con transparencia, sentido de responsabilidad ante la Patria y por el bien de Nicaragua, ya no tiene nombre.

El diputado Orlando Mayorga se declara disciplinado militante y graciosamente acepta las órdenes de su partido. Humildemente acepta la deliciosa Embajada en Panamá. Pobres panameños, les tocará ahora conocer el colorado semblante de la lípoli.

* Periodista  

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