Este viernes venía tranquilo en mi cacharpita, cuando el conductor de una camionetona gris se pasó de un solo golpe a mi carril. Por milímetros no me dio tremendo rielazo. En vez de molestarme, opté por pensar en cómo el poder hace y deshace, y cómo se cree con el derecho de hacer y deshacer. Seguí mi camino y al cabo de unos minutos vi cómo la camionetona entraba a las oficinas del partido de Tamalón. ¿Casualidad?… Quién sabe, creo que fue una advertencia de lo mucho que queda por cambiar.