Fabio Gadea Mantilla
Definitivamente el terror, el miedo o la simpatía que provoca por el mundo don Fidel Castro, es algo digno de estudiarse. Un señor que lleva 44 años en el poder, que ha fusilado a centenares de opositores, encarcelado a miles, condenado a otros tantos a cadenas perpetuas o en el mejor de los casos a largos años de prisión, sigue cometiendo todo género de tropelías, fusilamientos, encarcelamientos a periodistas que disienten de su dictadura, cadenas perpetuas y largos años de prisión decididos en juicios sumarísimos y no hay organismos de Derechos Humanos que lo puedan condenar públicamente.
En cuanto a entidades políticas, menos aún. Como diputado al Parlamento Centroamericano y miembro del Bloque Alianza Democrática Centroamericana que agrupa a los partidos liberales y a todos aquéllos que defienden la democracia representativa, apoyé en forma entusiasta un proyecto de pronunciamiento condenando al régimen cubano. La iniciativa fue aceptada por el plenario, sin embargo, a la hora de las votaciones hubo 47 votos a favor de la condena 32 votos en contra y las consabidas abstenciones de aquéllos que siempre quieren quedar bien con Dios y con el Diablo.
Veinte votos democráticos, algunos se abstuvieron y otros votaron en contra de la moción de condena al régimen de Castro por los crímenes cometidos y por las detenciones y condenas a periodistas independientes. No fue posible la condena pues se necesitaban, según el reglamento interno del Parlacen, la mitad más uno de los votos de los diputados presentes, lo cual no se pudo conseguir gracias a la pusilanimidad, o al complejo, o al miedo, o al oportunismo de quienes siempre se guardan de quedar bien con la izquierda. Una vergüenza para el Parlamento Centroamericano. Una vergüenza que teniendo una inmensa mayoría de diputados democráticos, amantes de la libertad, de la libre expresión y del respeto por la vida no hayan podido usar esa mayoría para emitir siquiera un pronunciamiento recomendándole al dictador que respete los derechos de su pueblo, tal como lo exigen las reglas de la convivencia internacional.
Al llegar a Managua me doy cuenta de un amago de protesta frente a la Embajada de Cuba que pretendieron hacer Boris Leets y Carlos José Guadamuz, la cual fue reprimida por una turba que recordó los viejos tiempos del sandinismo, tema que dejo para otra ocasión.
Con el fusilamiento de tres morenitos que quisieron secuestrar una lancha para huir hacia la Florida, el patriarcal dictador de la isla esclava puso de manifiesto su propósito de que el pueblo escarmiente y que nadie pretenda tratar de huir porque le esperará la misma suerte. Es obvio que con juicios sumarios como éste y con fusilamientos acelerados como éstos el pobre pueblo cubano preferirá no mover un dedo por temor a la represalia del dictador.
Pero, ante la tragedia del pueblo cubano algunos demócratas prefieren creer en las conquistas de la revolución cubana: educación (marxista), salud, (en la medida en que se porten bien) y tarjeta de racionamiento para que les vendan frijoles negros y yuca. La libertad no importa, los derechos del ciudadano, la honra, la opinión libre, el derecho a la movilización, el derecho a la vida, todo esto es secundario. Son vicios del imperialismo. Y pensar que muchos que se llaman demócratas, con su actitud timorata y miedosa, se hacen cómplices de la barbarie del tirano.
Dios salve a América.
El autor es empresario radial.