Los “Payasos” del salón

Son el alma de la clase, quienes le ponen “pimienta” al día con sus bromas y ocurrencias. Ellos tienen gran agilidad mental y una respuesta para todo… aunque no siempre caen en gracia… Aquí algunas historias Angélica Martínez R.Especial para “Aquí Entre Nos”[email protected] Nunca falta uno que te hace reír a más no poder en […]

  • Son el alma de la clase, quienes le ponen “pimienta” al día con sus bromas y ocurrencias. Ellos tienen gran agilidad mental y una respuesta para todo… aunque no siempre caen en gracia… Aquí algunas historias

Angélica Martínez R.Especial para “Aquí Entre Nos”[email protected]

Nunca falta uno que te hace reír a más no poder en el momento más solemne de la clase de matemáticas, ¿de dónde saca tantas ocurrencias? Hasta lo más trivial te da risa cuando, él o ella, deciden entrar en escena.

Pero también está “el otro”, ese pesado que vive para martirizarte. Te pone el pie cuando vas pasando, llega a asustarte mientras estás ida en tus libros o te empuja mientras vas caminando por una calle transitada. Sólo él se ríe de sus payasadas y cree que son ¡graciosas!

Como ejemplo de lo que decimos, visitamos las aulas de la Universidad Thomas More. Aquí encontramos a Gabriel Hidalgo, Ricardo Espinosa, Raúl Hernández, Alejandro Espinosa y Reina Úbeda, cinco muchachos que disfrutan haciendo pasar ratos jocosos a sus compañeros del campus. Tras la pregunta de por qué los consideran graciosos, casi en coro, sus compañeros nos responden que es debido a su espontaneidad.

“Ellos tienen gran agilidad mental, siempre tienen una respuesta para todo y por lo general es de doble sentido y da risa, pero es ahí donde radica el problema, porque no piensan en lo que van a decir y a veces caen mal”, comenta Hannia Brockmann.

Ricardo Espinosa, estudiante de economía y uno de los mejores alumnos de esta casa universitaria con un promedio de “A” (método de calificación norteamericano), nos cuenta que “una vez, estaba súper aburrido en clase y de repente miré un zancudo que le iba a picar el brazo a la profesora. Todos estaban en silencio y grité, ‘¡profesora cuidado un zancudo!’. Ella se comenzó a revisar muy nerviosa y todos se rieron por lo exagerado de su reacción, hasta ella”.

“Pero ha habido otras ocasiones, como la vez que le puse un encendedor en la silla a Silvio Tercero y le quemé las (…) o cuando escribí la carta de despido falsa para uno de mis profesores de secundaria. A ambos les pedí disculpas en su momento, pero ya el daño estaba hecho. Creo que a veces no pienso en las consecuencias que mis bromas van a tener”, explicó.

Por su parte, Gabriel Hidalgo y Raúl Hernández, dicen que las bromas que pueden parecer pesadas son las más divertidas y que las víctimas terminan disfrutándolas también. Como la vez que le dieron a una de sus compañeras un papel que envolvía a una lagartija.

“Al principio se enojó, pero el grito que lanzó cuando miró la lagartija le dio risa a todos y ella misma terminó riéndose con nosotros”, dijo Raúl. “Cuando se trata de bromas pesadas yo me limito a las personas que sé que me van a aguantar, pero creo que por nuestra naturaleza, la gente nos perdona más rápido que si se tratara de otra persona”, añadió Gabriel.

Reina Úbeda, la niña comediante del grupo, también arranca carcajadas entre sus condiscípulos cuando se decide por la imitación de alguno de sus profesores o compañeros. “Mis bromas son más suaves que las de ellos y creo que a nadie les caen mal. Más bien, me piden que los imite”, finalizó Reina.

Dónde está el límite

Sin embargo, caer en gracia no es lo mismo que hacerse el gracioso. Las personas que son por naturaleza graciosas, se mofan de sus propios ridículos y caen bien porque no denigran a nadie con sus bromas, te hacen pasar un buen rato sin herir los sentimientos de nadie. Son personas seguras, positivas y así lo transmiten.

Según la psicóloga Ledia Gutiérrez, chacotear es una característica del nicaragüense, pero también forma parte de la personalidad de cada individuo. La facilidad de reír o hacer reír es algo innato. “No obstante, existen los extremos. El bromista pesado, que cree que los demás deben aguantar sus groserías, utiliza el ‘humor’ como defensa para mantenerse aislado de los demás y evitar que lo conozcan en su interior”.

“Las bromas pesadas son típicas de aquellos que tienen una baja autoestima, han recibido una mala educación de los padres o no les han inculcado valores. Presentan por lo general una imagen dura, con la que tratan de ocultar sus miedos. Esos chavalos quieren llamar la atención, ven comportamiento agresivo en sus hogares y ‘compran maltrato’, es decir, entre más te maltrato, más te quiero. Es un comportamiento contradictorio, porque lo que consiguen es alejar a la gente”, explicó Gutiérrez.

Para las víctimas de estos bromistas, Gutiérrez recomienda ponerles un alto hablándoles con tacto, no actuando en la misma forma. Es importante hacerles ver que sus bromas molestan y deben dejar de hacerlas.

Una broma es buena si te hace reír, pero no a costillas de nadie. Si te reís de una broma pesada sos tan pesado como el que la hace. Lo mejor para que evités caer en el juego del bromista es no hacerle coro y apartarte en ese momento.

“La familia juega un gran papel en la recuperación del muchacho. Una terapia familiar es lo indicado en estos casos. Los padres no deben reforzar la conducta asocial del hijo con frases como ‘sos un odioso’. Para ayudarlo no hay que recriminarlo ni censurarlo sino explicarle que con su conducta puede lastimar, incluso, físicamente a alguien”.

“Un niño bien amado, con alta autoestima no maneja un trato desagradable hacia sus compañeros. La máxima que bebemos enseñarles a nuestros hijos debe ser: No hagas nada que no te gustaría que te hicieran a vos”, enfatizó la sicóloga.

Las bondades del humor

Para llevar mejor la carga de la vida, ayuda a descargar las amarguras, saca afuera las tensiones y libera los miedos.

Suaviza las críticas, porque se pueden decir muchas cosas sin herir susceptibilidades.

Para enfrentar mejor al enemigo. Frente al humor no hay arma que valga. Mientras más se defienda el criticado, más aumenta su ridículo.

Crearse un ambiente de confianza y simpatía.

¿Qué opinan los expertos?

Don Benito Hernández, mejor conocido como “Pipo”, es un payaso profesional que lleva más de 43 años haciendo reír a generaciones. Él nos aclara que antes que nada para hacer humor no es necesario caer en la vulgaridad.

“Una vez, recuerdo que en un cumpleaños estaba una señora de esas muy amargadas que miran todo, así como con desprecio… Entré al salón y me dirigí a ella diciéndole a los presentes: ‘Esa señora me cae bien, porque desde que llegó no ha dejado de reírse, qué buen humor el de esa señora’. Todos, incluyéndola, se carcajearon. Ese debe ser el objetivo del payaso, hacer reír sin caer en lo ordinario”, explicó Pipo.

Basta con realizar exageraciones en alguna característica del “payaso” comparándola con algún personaje (puede ser un dibujo animado), cambiar el molde de una frase conocida (‘Te ganarás el pan… con el sudor de la gente’) o darle doble sentido a los diálogos. Estos mecanismos provocan que la gente se destornille de la risa y no caen mal.

“El cómico debe estudiar el lugar y las personas a las que va a entretener antes de su presentación. Si vas a hacer bromas de políticos éstas deben ser neutrales, sin tender a uno u otro bando, por eso debemos estar bien informados sobre temas de actualidad”, aseguró.

Por su parte, doña Gloria González “la Cachinflina”, compañera profesional y matrimonial de Pipo, dice que hay que tener mucho cuidado con los niños a la hora de hacer humor. “Son muy delicados, nosotros también educamos con los chistes. Por ejemplo, les enseñamos que las malas acciones se pagan y que las buenas se premian. Para que un niño no le tenga miedo a los payasos los padres deben educarlos con humor en el hogar, desde pequeñitos, y evitar utilizar la figura del payaso como amenaza”.

Entre las miles de experiencias de Pipo se pueden contar, a grosso modo, que fue el responsable de que en Nicaragua se introdujera la figura del payaso para amenizar los cumpleaños infantiles. Conoció y fue amigo del famoso “Firuliche”, del “Mago Chang” y de “Cachirulo”.

Pipo, viajó en un sinnúmero de giras artísticas acompañando a figuras de la talla de Libertad Lamarque, y fue aplaudido en los más importantes escenarios alrededor del mundo. También ayudó a fundar el Circo Nacional, así como el Sindicato de Artistas de Circo.  

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