- En un mundo donde ya pocos creen en los políticos y en la política, y en donde aparentemente reina “la ley de la selva”, la “ley del más fuerte” o “la ley del más vivo”, el filósofo nicaragüense Alejandro Serrano Caldera nos recuerda que no hay política sin ética, que la vida misma no se concibe sin ética, y que se hace necesario un nuevo Contrato Social Planetario que haga posible aún, el futuro de la humanidad.
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
Pensar es ocioso, según las leyes del mercado. Lo importante es obtener ganancias monetarias. Reflexionar es una “pérdida” de tiempo, se suele decir en el mundo de hoy. Pero aunque en teoría esa es la máxima que rige nuestros destinos, Alejandro Serrano Caldera se niega a dejar de filosofar, y hace suya la reflexión sobre cómo construir un mundo mejor, justo ahora, cuando la humanidad ha presenciado otra guerra más, que como todas, deja muerte y destrucción para unos, y jugosas ganancias para otros.
De modo que Serrano Caldera nos entrega ahora un nuevo fruto intelectual: el libro “Ética y política”, editado por él, y que incluye nueve ensayos de autores distintos en torno de esos dos conceptos aparentemente irreconciliables, según lo demostrado hasta hoy por los políticos nicaragüenses.
Serrano Caldera se va a la raíz de los conceptos y nos explica que aun en los tiempos actuales, cuando las leyes del mercado se creen divinas, sin ética, no hay política.
Generalmente se piensa que le ética está contrapuesta a la política. Para los griegos, la ética y la política tenían una misma raíz, contrario a la separación que después haría Maquiavelo entre ambos conceptos. ¿Nos puede explicar un poco más esto?
El creador de la ética, al menos en la versión occidental, es Sócrates, en el siglo V antes de Cristo. La ética viene del griego “ethos”, que significa “modo de ser”, “carácter”. Sócrates funda una especie de moral laica que tiene por objeto explicar racionalmente las conductas. Las preguntas son el porqué, el para qué debo hacer esto. Sócrates plantea una ética para que cada cual en su actuar responda a una formulación racional, o que la razón humana se pregunte si esa actuación es buena o es mala. La ética es, entonces, una especie de modo de ser y de carácter de la persona y de la colectividad. O sea, nada es bueno o malo en sí, si no está de alguna forma explicado o justificado por la razón y la libertad del ser humano. Ese es, en síntesis, el concepto de ética que Sócrates crea y lo liga inmediatamente al tema político.
Desde la perspectiva de los filósofos griegos, y sobre todo a partir de Sócrates, entre ética y política hay una indisoluble unión, entendiendo a la ética no necesariamente en el sentido religioso de la moral tradicional prescriptiva, sino en el sentido de la racionalidad y de la libertad del ser humano.
El ser humano, si actúa racionalmente y somete sus actos al juicio crítico de su razón, actúa éticamente. Ese es el principio de la ética. Y él lo liga a la política, porque inclusive el mismo concepto filosófico que él da de política, es un concepto ético. Política viene de “polys”, la “polys” es el Estado-ciudad, siendo Atenas el arquetipo.
Entonces, la política para Sócrates y para los griegos, implica dos cosas: la politike (el Estado) y lo que ellos llamaron la politeia (la sociedad civil). Para el pensamiento socrático y el pensamiento griego posterior al suyo, eso formaba una unidad. El Estado, entonces, no es más que la sociedad jurídica y políticamente organizada. Pero el Estado tiene como raíz (como su) antecedente cronológico y ontológico, es decir, como naturaleza, a la sociedad. El Estado es una forma más compleja y orgánica de la sociedad; por lo tanto, el Estado responde a la sociedad. Del mismo modo, el poder responde a la voluntad general y colectiva de la sociedad, porque si no es así, según lo elaboró (Juan Jacobo) Rosseau (1712-1788) en el “Contrato Social” (1762), el poder no tiene razón de ser, es un exceso y un abuso.
¿En dónde está el nexo entre política y ética? En esa necesaria correspondencia del Estado a la Sociedad, del poder a la voluntad general, de la politike a la politeia. De tal manera que el sentido profundo que la ética adquiere en los filósofos griegos, la adquiere ligada al fenómeno político, más que nada.
Es curioso que Nicolás Maquiavelo (1469-1527), que sienta las bases de la política moderna, haya hecho una separación entre política y ética. ¿Por qué razón?
He reflexionado un poco sobre “El Príncipe” (1513) y “Los Discursos de Tito Livio” (1531) que son las obras principales de Maquiavelo, sobre todo “El Príncipe”. Es obvio que el interés de Maquiavelo ya no es la legitimación ni la justificación del poder, sino el poder. Y allí se sientan las tesis que hoy vemos en el mundo contemporáneo: el poder se justifica por sí mismo. El poder es en sí su propia ética. Ese es Maquiavelo. En cambio, para Sócrates, el poder es un medio para realizar la voluntad que satisfaga las necesidades de la colectividad, por lo tanto, su misión ética es trabajar para el bien común, el bien colectivo, el bien social. Maquiavelo corta eso. Y es una ruptura enorme que funda la era moderna, antes, inclusive, que (René) Descartes (1596-1650) y que Galileo Galilei (1564-1642) en la física, porque Maquiavelo dice que “el poder es un valor en sí”. Es decir, el poder en sí y para sí es una ética. Y Maquiavelo dice cosas tremendas: “Lo único inmoral para el príncipe, es perder el poder”.
Maquiavelo plantea que la política es el arte del poder y no el arte del bien común, porque a él le interesa un poder fuerte. No olvidemos que estamos en el siglo XVI, ya están constituidas las monarquías absolutas en Europa, sobre todo la de Francia que se consolida en 1303; en cambio, Italia está dividida en una serie de reinados, señoríos, ducados y condados; entre ellos el suyo, el de Florencia, en donde Lorenzo De Medici, es el gran señor. Entonces, lo que está en el trasfondo de la actitud de Maquiavelo es la unidad italiana, que según él piensa, sólo se puede lograr a través de la consolidación de un poder absoluto. Esa fue la razón por la cual él asume esta posición. Maquiavelo, aunque no lo diga, es el teórico del absolutismo italiano.
Si alguna vez Maquiavelo planteó que el poder es un valor en sí, que no necesita justificación, ahora también se nos quiere hacer creer que el mercado es un valor en sí.
Exacto. Se nos quiere hacer creer eso.
Que es una ética en sí.
Que es una ética en sí. Y esa es la enorme crisis ética del mundo contemporáneo, es una ruptura y crisis mayor a la del Siglo XVI, en tiempos de Maquiavelo, porque éste nunca negó que la ética existiera, lo que dijo es que existía en otro campo que no tenía nada que ver con la política, y que la política tenía otra ética en sí que era el poder. Es decir, lo que es debe ser, si el poder existe es porque debe existir. El fin justifica los medios. Por supuesto que yo no acepto desde ningún punto de vista la lógica de Maquiavelo. La explico, pues, porque hay que entender el mundo contemporáneo. Yo prefiero, más bien, aquella expresión de Albert Camus, que dice: “En política, los medios justifican el fin”. No puede haber un fin bueno con medios malos. Y eso es lo que Sócrates enseñó: la coherencia que debe haber entre los medios y los fines para que haya ética.
El problema con la ruptura actual es que en el momento en que se pretende que un mecanismo abstracto como es la ley de la oferta y la demanda, los mecanismos del mercado, sustituyan la voluntad humana, la razón y la libertad; en ese mismo momento, hay una crisis ética profunda. No hay ética sin razón, sin libertad y sin voluntad.
La ética presupone la posibilidad del juicio crítico, y de la toma de decisiones, pero cuando ya las decisiones son tomadas por un mecanismo, sea el Estado-Partido absoluto de los regímenes totalitarios, comunistas o fascistas; sea el Mercado Total, del neoliberalismo y del neocapitalismo, indudablemente lo que está sufriendo y lo que está eliminándose después de 2,500 años es la ética, como valor, como principio y como concepto.
Desde Sócrates, no hay política sin ética.
No hay política sin ética, pero es Maquiavelo el que quiso terminar con eso.
El siglo XX y los inicios del siglo XXI han sido la expresión más fuerte de la teoría de Maquiavelo. Es decir, la política por el poder. El poder por el poder. El poder como un fin en sí mismo. Y hemos visto las consecuencias en el siglo XX, que ha sido el siglo de la destrucción de los sueños ingenuos del siglo XIX: la fe en la ciencia, la fe en el progreso, la fe en el positivismo. El siglo XX desbarató completamente la ingenuidad científica del siglo XIX. Recordemos las dos guerras mundiales y ya no digamos todas las guerras focales y locales que se dieron. Y el siglo XXI nos enfrenta a una crisis brutal de la ética. Por ejemplo, el terrorismo, que se ejerce en el nombre de Dios y bajo la perspectiva de una visión dogmática de la vida, sin crítica racional, y no de forma voluntaria, sino obedeciendo fuerzas, si se quiere teológicas, metafísicas, como es asumido y se pretende justificar por un lado; o la teoría del poder absoluto por el otro lado. (…) El poder actual es un poder corporativo transnacional: un poder de unidades financieras, militares, tecnológicas que están concentradas en sectores muy específicos, del cual forma parte tanto el Estado como el Mercado, ambos forman parte de la estructura de poder que los trasciende.
Usted propone en este contexto de crisis de la ética y de la política, un nuevo Contrato Social Planetario. ¿Por qué razón?
Yo creo que hay que restablecer algunos puntos comunes para todo el planeta. A mí me parece que el moderno contrato social tiene que recoger la idea de la mayoría como una idea prioritaria, pero tiene que respetar a las minorías de todo tipo y concederles derechos, aunque no estén dentro de la esfera mayoritaria, porque eso es lo que implica la democracia moderna.
Por eso es que yo me inclino mucho por la tesis del contrato social, y creo que debe haber un contrato social local, nacional y planetario. Los contratos sociales nacionales y mundiales están desbaratados. ¿Cuáles son los referentes que nos permiten identificarnos como civilización con objetivos comunes? Estamos un poco en la guerra hobbesiana de todos contra todos.
Vivimos en un mundo donde hay ocho civilizaciones que tienen ocho visiones distintas, y la tecnología ha acercado civilizaciones que antes estaban lejanas y hace más cercana la posibilidad de la guerra. Entonces, se hace más urgente la búsqueda de un nuevo contrato social planetario, donde Naciones Unidas debe jugar un rol permanente, en un momento en el que están desgarrados el multilateralismo, el derecho internacional y las Naciones Unidas. Igualmente, las sociedades nacionales están desgarradas: ¿Cuáles son los puntos comunes que nos pueden permitir identificarnos como nicaragüenses y luchar por un objetivo que nos sea común a todos? Estamos en el momento de la construcción de una nueva ética.
«ÉTICA Y POLÍTICA»
El libro “Ética y política” editado por el doctor Alejandro Serrano Caldera, será presentado hoy a las seis de la tarde en el auditorio del Banco Central de Nicaragua. El libro cuenta con nueve ensayos de igual número de autores. La publicación fue posible gracias a la Fundación Friedrich Ebert, y es fruto del esfuerzo del Centro Inter Universitario de Estudios Latinoamericanos y Caribeños “Mauricio López” (CIELAC), de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli).
Antes, bajo este programa, se había publicado el título “Los desafíos de la democracia en Nicaragua”, y próximamente se publicará el título “Legalidad y legitimidad”.