La credibilidad es fundamental

Luis Mejía González

Casi nada puede lograrse sin credibilidad. En política es esencial. Sin embargo, en nuestro medio nacional la falta de credibilidad en política no parece importarle a nadie y más bien cada quien se acomoda, como puede, en un ambiente falto de credibilidad, lo que constituye una funesta herencia.

El Gobierno del ingeniero Enrique Bolaños Geyer ha perdido credibilidad nacional. Sin embargo, ni el Presidente, ni los funcionarios principales del Gobierno parecen darse cuenta de la gravedad que significa la pérdida de credibilidad, o no les importa.

Desde su elección el presidente Bolaños se ha vuelto y actúa como un hombre distinto del que yo conocía. Tampoco eso parece importarle. Ya está en la Presidencia y eso es lo único que le interesa a él y a su equipo de Gobierno.

Al Gobierno, en su conjunto, repito, parece tenerle sin cuidado haber perdido credibilidad. El Presidente no puede reelegirse, ni tampoco ser candidato en las elecciones del 2011. Entonces decide poner en práctica una política vertical mangoneada a su capricho, convirtiéndose en un pequeño dictador.

El único soporte que al Presidente parece importarle es su amistad política con el Gobierno norteamericano. Pero dicho apoyo es sumamente frágil cuando no se tiene el debido respaldo nacional. La última evidencia de lo anterior data de 1979, de la que resultó la tragedia sandinista que estrangula a la nación desde el 19 de julio de ese año.

Para aliviar la nefasta presión rojinegra que padece el país desde la fecha señalada, las fuerzas democráticas del país deberían continuar demandando del Gobierno del presidente Bolaños que recupere la credibilidad que ha perdido, volviendo a sus bases políticas, terminando con la persecución política contra liberales y poniendo en marcha el Plan de Gobierno que prometió a Nicaragua, bases de sustentación para legitimar su permanencia en el poder.

Si el Gobierno no recupera la credibilidad, a nadie le importará lo que le pueda suceder, lo cual se convertiría en una tragedia mayor.

En la accidentada historia nacional se inscribe por primera vez —que yo sepa— el hecho que el partido que llevó al poder al Presidente de la República se haya visto obligado a pasar a la oposición. Tal el caso del Partido Liberal Constitucionalista con el presidente Enrique Bolaños Geyer, acción que constituye un violento repudio político al presidente por su falta de credibilidad.

Ante la situación anterior, los medios de información del país —repito— deberían salir en rescate del Gobierno y del país señalando al Presidente la ruta equivocada que lleva desde que tomó el poder, sin temor al cierre que sufrieron el Canal 6 de televisión, La Noticia, Radio La Poderosa y la legión de periodistas de los medios televisivos, escritos y radiales que fueron enviados al desempleo y no les permite ser empleados incluso por los medios privados, porque al pequeño dictador le molestan las críticas que se le hacen en vez de valerse de las mismas para enrumbar debidamente su Administración.

Cuando un Gobierno desinforma, no arranca con el programa prometido a la ciudadanía y persigue a sus electores, el país anda mal y debe ser preocupación de todos señalarle los errores para que haya confianza en el Presidente que eligió.

Se equivoca también el Presidente cuando cree que puede hacer todo lo que le venga en ganas. Mas no importa que el presidente estuviera equivocado en su Administración. Lo más grave es que se ha equivocado de adversario político y sea el Frente Sandinista posiblemente su verdugo. Esa actitud produce malestar nacional porque no propicia la creación de empleos y la producción nacional se cae por falta de incentivos y de una infraestructura debidamente mantenida.

Si ante tal situación los medios de información y la clase política continúan callando, le estarán haciendo un flaco favor al Gobierno y a la nación, porque faltando tres años y medio de lo mismo, el país se encamina directamente al despeñadero.

El autor es miembro del PLC.  

Editorial
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