¡No se debe callar!

Julio Ignacio [email protected]

Con motivo de las celebraciones del Primero de Mayo, Día de los Trabajadores, el presidente Enrique Bolaños anunció y respaldó el nacimiento de un nuevo partido “democrático”, el cual es de suponerse que su dirigencia quedará integrada por funcionarios de su gobierno, y sus bases serán los empleados públicos.

Y digo suponerse porque cualquiera con dos dedos de frente sabe que los partidos políticos no salen de la nada, ni de factorías. “Estamos conformando una unidad del liberalismo que está tomando una fuerza tremenda”, aseveró Bolaños, y yo le pregunto: ¿Cómo sabe él eso? Porque si se lo han dicho sus asesores el Presidente debería saber que lo están engañando.

Si fuera cierto que el partido que apadrina la Presidencia de la República está tomando una gran fuerza, quizá hubieran asistido más personas a la celebración del Primero de Mayo presidida por el ingeniero Bolaños, o no estuviera programando venir a Miami a celebrar el 11 de julio, como se ha anunciado, cosa que me hace dudar de la sinceridad del partido liberal en ciernes, porque ese día sería políticamente más fructífero para don Enrique, visitando a Zelaya en el cementerio de San Pedro, o poniendo una corona ante la estatua de Jerez en León, o reviviendo la memoria del pensamiento más transparente del liberalismo nicaragüense, José Madriz.

Sinceramente creo que el Presidente o está mal informado, o malísimamente asesorado.

Políticamente hablando, hasta ahora le he dado a don Enrique el beneficio de la duda, y en las confrontaciones políticas que ha tenido con un sector del liberalismo, lo he defendido, pero creo que de su parte sería positivo, si él dejase a un lado la duplicidad con que a veces actúa, y de una vez por todas decide lanzarse a la arena política —la que tantas veces ha negado—, con sinceridad, y encabeza un movimiento por una auténtica unidad del liberalismo.

Pero no es así. Ahora se contradice y pretende confundirnos. No es lo mismo buscar unir, que buscar destruir el liberalismo. Hay cosas que hay que tomarlas como son, pues dar coses contra el aguijón puede herir el casco. Una de esas cosas es la realidad política liberal de hoy, la que aún con todos sus defectos, pensar cambiarla en estos momentos será buscar un remedio peor que la enfermedad, y lo único que ya está consiguiendo es fortalecer al sandinismo.

Ponerse a experimentar a estas alturas, será fatal para la nación. No es el momento apropiado. Por otro lado, producen malestar e incomodidad las declaraciones de Alejandro Fiallos, jefe bolañista del PLC 23 de junio, quien explicó que la idea del nuevo partido no es solamente unificar la familia liberal, sino juntar todas las fuerzas “democráticas” de Nicaragua, y que el nuevo partido podrá también estar conformado por el Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN), el Partido Conservador, Unidad Social Cristiana (USC), Unidad Demócrata Cristiana (UDC) y demás fuerzas políticas democráticas.

¡Cuánta confusión! ¿En qué quedamos? ¿Buscan la unidad del liberalismo o lo que proponen es la utopía? Sin sentido además pues estoy seguro que ni ellos creen eso de meter en un saco a fuerzas políticas de diferentes corrientes ideológicas, y hasta contradictorias, a sabiendas que ese proyecto no arrancará y que mucho menos se consolidará como fuerza política, pero que en el camino debilitará a todos los que se embarquen en la aventura.

Si no se han dado cuenta se los voy a repetir: También contribuirán al fortalecimiento del sandinismo, y eso el señor Presidente debería saber que es inaceptable, y no se puede permitir ni se debe callar.

Lo que propone el señor Presidente es un sofisma y una irresponsabilidad, y si no entiende de política lo mejor para Nicaragua será que no se meta. Ya es Presidente y debería dejar las cosas como están, dedicarse a gobernar y a buscar cómo crear puestos de trabajo, que es lo que el pueblo necesita.

El autor es jurista, residente en el exterior.  

Editorial
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