Emilio Álvarez Montalvá[email protected]
Continúa temiéndose que a menos que termine el conflicto judeo-palestino seguirá siendo una espina clavada en el corazón del Medio Oriente, actuando como un caldo de cultivo del terrorismo globalizado. Así lo comprendió el presidente Bush cuando el 20 de marzo pasado en vísperas de la invasión a Irak aseguró que al terminar la guerra apoyaría un plan de paz (road map) para el Oriente Medio.
En efecto, el mismo día que anunció el presidente Bush el fin de la guerra en Irak, presentó el “Cuarteto de Mediadores” formado por EE.UU., Rusia, Comunidad Europea y Naciones Unidas un detallado plan de paz judeo-palestino de tres fases. La primera que empezaría desde ya y duraría todo mayo removería la violencia y el terrorismo. El segundo paso, designado como “Transición”, iría de junio a diciembre de este año, y la tercera etapa transcurriría del 2004 al 2005 rematando en ese año con un Tratado de Paz y colaboración entre Israel y Palestina. Se trata de un documento con fechas, metas y procedimientos específicamente señalados.
Previamente había sido seleccionado Primer Ministro de Palestina, Mohamed Abbas, confirmado por la Asamblea Palestina de 82 diputados. Fue un nombramiento difícil, logrado por la mediación de Omar Suleyman, Primer Ministro egipcio.
El problema es ¿quién empezará primero a cumplir en ese clima de gran desconfianza? Israel ya notificó que todo debe iniciarse con el cese de los ataques suicidas de Hamas y Jihad Islam. Sólo así empezarían las tropas a retirarse del territorio palestino. Desgraciadamente y a última hora el ataque suicida en Tel Aviv ocurrido el mismo día que se conoció el Plan de Paz, renovó el círculo vicioso al provocar un terrible ataque israelita que mató a 12 palestinos.
No obstante, lo positivo es que Abbas, aunque no es carismático es un dirigente moderado y pragmático que condena la violencia y mantiene la confianza de su jefe, desde que ambos fundaron Al Fatah y viajaron juntos a Camp David y Oslo. En todo caso, lo crucial para un arreglo no es solamente el retiro de las tropas israelitas de Gaza y Transjordania, sino el desmantelamiento de los asentamientos judíos en esos territorios y además que Israel acepte el regreso de millones de palestinos que huyeron cuando en 1948 se fundó el Estado judío. Finalmente, está la decisión sobre Jerusalem reclamado por los contendientes como su exclusiva Ciudad Santa.
Frente a esa complicada situación el presidente Bush reiteró el sábado pasado en entrevista a la BBC su decisión de involucrarse personalmente en el proceso de paz del Oriente Medio. Tal empeño es indispensable para estabilizar Irak, que requiere la cooperación de los paises de su entorno, como lo está intentando Colin Powell en su visita a Damasco el fin de semana pasado.
El autor es analista político.