La Policía y sus informantes

Freddy Potoy [email protected]

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde del martes 29 de abril cuando conocí que dos de los traficantes de drogas más fuertes de Bluefields estaban organizando a través de un teléfono celular, la venta de dos niñas costeñas que serían entregadas en Managua.

Estos sujetos se jactan de “trabajar” con agentes antidrogas de Bluefields en la lucha contra el narcotráfico. ¿Se imaginan eso? Dos delincuentes que dicen trabajar por la salud pública con la Policía.

Seguro la Policía preguntará por qué no fui a denunciar a estos sujetos. ¡Ja! ¿A la gente con la que los agentes “trabajan” y se comunican con todo el descaro del mundo por teléfono?

Es más, apenas los del equipo de LA PRENSA abandonamos el lugar donde estábamos conversando con los traficantes de droga sobre presuntos actos de corrupción de agentes de la Policía de esa ciudad, el jefe Antidrogas de la Policía de Bluefields, Oscar Larrave, estaba llamando furioso al celular del corresponsal de LA PRENSA, Sergio León, con quien trabajamos el tema, para reclamarle por qué lo estábamos investigando.

Luego Larrave quiso enmascarar que se dio cuenta de nuestro trabajo porque su jefe, el comisionado Alonso Sevilla Midence, le había informado del asunto, y que además, “mucha” gente lo había llamado preguntando por qué lo investigábamos. Por favor señores de la Policía, a otros con ese cuento.

En cuestión de horas, allí mismo hice contacto con otra gente allegada a este par de traficantes de droga y uno de ellos confirmó que el “jefe” de éstos, había llamado a Larrave para informarle de las preguntas de los periodistas. Los altos mandos policiales deben averiguar muchas zanganadas que ocurren en esa región.

Pero qué causalidad que Larrave llamara minutos después que los del equipo de LA PPRENSA conversamos con los traficantes de droga. ¡Qué casualidad! Y lo peor de la casualidad, es que algunas palabras de la conversación con los sujetos, se repitieron en el reclamo furioso del funcionario policial. Al menos, el equipo de LA PRENSA no invitó a la población de Bluefields a oír la conversación con los traficantes de droga.

Yo estaba trabajando con toda la calma del mundo, observando, oyendo, verificando horas, movimientos, contrastando palabras y buscándole el doble o triple mensaje a las mismas, etc., y eso me encaminó a saber que también nosotros éramos “chequeados” por agentes policiales, y no necesariamente para protegernos.

Vean. El asunto es más serio. Los mandos policiales, en vez de minimizar el asunto deben retomarlo con preocupación y ser rigurosos no sólo en Bluefields, sino en Puerto Cabezas, el Triángulo Minero, Managua, etc., y donde el narcotráfico mine a la institución del orden público.

En Bluefields la población considera que hay corrupción policial, la justicia queda entredicha, los magistrados del Tribunal de Apelaciones miran a cada rato el reloj para irse a almorzar y luego la tarde se convierte en un relajado descanso. El Estado tiene abandonada a la gente de esa región, no hay centros de rehabilitación y los vacíos institucionales son sencillamente cubiertos por el narcotráfico.

Y así, hay más historias que contar, señores de la Policía.  

Editorial
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