Carlos Menem, la imagen de Juan Domingo Perón, y su esposa chilena, la ex Miss Universo, Cecilia Bolocco, quien espera un hijo del ex mandatario. (LA PRENSA/AP)

“Nadie ha luchado contra la corrupción como yo”

A un día de la primera vuelta presidencial argentina, el viejo caudillo del peronismo está de nuevo en el centro de la atención pública con una ligera ventaja en las intenciones de votos. Salpicado por varios escándalos de corrupción, Menem se defiende con un alegato parecido a los de Arnoldo Alemán. Las cosas malas que […]

  • A un día de la primera vuelta presidencial argentina, el viejo caudillo del peronismo está de nuevo en el centro de la atención pública con una ligera ventaja en las intenciones de votos. Salpicado por varios escándalos de corrupción, Menem se defiende con un alegato parecido a los de Arnoldo Alemán. Las cosas malas que se dicen, sostiene, son obra de sus “adversarios” y un “coro periodístico”.

Norma DomínguezESPECIAL PARA LA PRENSA

BUENOS AIRES.- Si nos remontamos a un año y medio atrás, podremos recordar que se referían a él como “el innombrable”. Nadie iba a imaginar que el hombre que fue acusado y encarcelado por sospechas en el tráfico de armas a Croacia y a Ecuador, al que se le adjudicaron sin pausa todas las culpas por la debacle argentina y a quien se le tildaba de “corrupto”, sin que nadie se atreviera a alzar la voz en su defensa, hoy iba a ser el candidato favorito para presidir el país del tango.

Carlos Saúl Menem tiene 72 años y gobernó Argentina durante toda la década del 90, para muchos la más próspera del país en mucho tiempo. En ese tiempo perdió a su primogénito en un accidente aéreo y se divorció. El año pasado se volvió a casar, esta vez con la bellísima modelo y conductora chilena Cecilia Bolocco, con quien estaría esperando un hijo.

Es el hombre más criticado por los argentinos y más del 60 por ciento de la población dice que jamás lo votaría, pero está primero en muchas de las encuestas. Quizás, sea por su incuestionable carisma (quienes lo han cruzado alguna vez, gustan llamarlo el “encantador de serpientes”) o, tal vez, por la añoranza de la estabilidad económica y el “uno a uno” del peso y el dólar.

En esta entrevista, exclusiva para LA PRENSA en Nicaragua, el ex presidente se muestra confiado que una vez más, probará las mieles del poder.

Muchas encuestas dicen que usted va primero, pero también aseguran que es el candidato que reúne mayor anti-voto y que si llega a una segunda vuelta, aún saliendo primero mañana domingo, perdería se enfrente a quien se enfrente. ¿Cuál es su percepción sobre este tema? ¿Cómo cree que van a ser los resultados en las elecciones?

Yo soy un verdadero desafío para los encuestadores: nunca aciertan conmigo. En la elección interna del peronismo que definió la candidatura presidencial de 1989, todos se jugaban por Antonio Cafiero y gané yo. En esa elección presidencial, decían que triunfaría Eduardo Angeloz, pero gané yo, con el 47 por ciento de los votos. En 1995 anunciaban un balotaje (segunda vuelta), pero gané yo con el 51 por ciento de los votos y más de veinte puntos de diferencia.

Creo que ahora, nuevamente, la mayoría de los encuestadores andan perdidos. Voy a ganar en primera vuelta, sin necesidad de balotaje. En estos momentos muchos de los que figuran como indecisos en las encuestas están definiendo su voto, y la mayoría de ellos aspira a restablecer la gobernabilidad y la estabilidad.

¿Usted es consciente que hay mucha gente que no se atreve a decir que lo va a votar porque le da vergüenza?¿De qué cree que se avergüenzan los argentinos a la hora de confesar que simpatizan con usted y que lo van a votar?

No creo en esa definición de “voto vergüenza” para definir lo que podría llamarse “voto oculto”. En la tradición del peronismo el voto oculto es una constante y hay motivos para ello: los peronistas, han sido víctimas de infinitos castigos y sanciones de parte de poderes de turno. Hoy en día, sin ir más lejos, hay muchos compañeros que ocultan su voto hacia nuestra fórmula por temor a perder la asistencia monetaria que presta el Estado y que el gobierno a menudo manipula políticamente. ¿Cómo no comprender a esos compañeros si hay gobernadores de provincias que no se atreven a confesar que van a apoyarnos por temor a represalias, a que el Gobierno Central no les traslade los fondos de la coparticipación fiscal con los que pagan los salarios o las obras públicas?

No se equivoque: el voto oculto, que existe, no responde a ninguna vergüenza, sino a un reflejo de temor.

Sabe que a su gobierno se le relaciona con la corrupción, que hay personalidades de la política con quienes el pueblo está muy enojado por las sospechas que han caído sobre ellos. ¿Estas personas, digamos, “el círculo íntimo del menemismo”, van a seguir estando o realmente va a hacer una renovación?

Mire, no hay gobierno que haya luchado efectivamente contra la corrupción estructural como el mío. Ese flagelo operaba fundamentalmente a través de la colusión entre empresas del Estado y proveedores y a través de un sistema regulatorio que hacía depender de la arbitrariedad de los funcionarios el enriquecimiento o la quiebra de las empresas.

Otra forma de la corrupción era el manejo de información privilegiada en las devaluaciones del signo monetario. Nosotros liquidamos esas formidables fuentes de corrupción: tuvimos moneda fuerte, estable y convertible durante una década, borramos la palabra devaluación de nuestro lenguaje; privatizamos las empresas públicas y así achicamos el déficit fiscal, mejoramos rotundamente los servicios y cobramos impuestos a los concesionarios. Además, desarrollamos un proceso objetivo y desregulado en la toma de decisiones, que daba garantías de previsibilidad y objetividad a todos los interesados.

No niego que pueda haber habido casos de corrupción residual o individual, pero esos casos, aquí como en cualquier lugar del mundo, pasan a estar bajo la órbita de la justicia, que es un poder independiente. Hay que denunciarlos, probarlos y obtener un fallo. Nuestros adversarios y un coro periodístico que tomó esa postura, hicieron muchas denuncias, afectaron el honor de muchos de mis funcionarios. No recuerdo que hayan probado consistentemente nada contra ninguno en la justicia.

En cuanto a la segunda parte de su pregunta, le diré que voy a gobernar con caras nuevas, convocando a una pléyade de jóvenes políticos, técnicos, profesionales e intelectuales que están en nuestro movimiento y merecen su oportunidad. Y los convocaré porque estamos ante una nueva etapa, con nuevos desafíos.

Mencióneme algunos nombres de los hombres y mujeres que convocaría para que lo acompañen en el gobierno…

No pienso dar los nombres de mis ministros hasta después de la elección.

Imagino que ha hecho un balance de sus diez años de gestión. Cuando evalúa sus aciertos y errores, ¿cuáles son los principales aciertos y los principales errores que se reconoce?

Creo que en este arte que es la política, lo esencial se mide con relación a los aciertos o desaciertos en lo que respecta a las decisiones estratégicas y no con un extenso punteo de las cuestiones instrumentales. Desde ese punto de vista tengo la más firme convicción que a lo largo de nuestra década acertamos en lo esencial y probablemente cometimos errores en cuestiones operativas.

Pero más allá de nuestras imperfecciones, el pueblo nos acompañó en las sucesivas elecciones porque entendió que el camino adoptado era el correcto y nos volverá a llevar al gobierno porque sabe que nuestra apreciación de lo que hay que hacer es la que mejor interpreta sus intereses y nuestros hombres y mujeres son los que tienen mejor capacidad de gestión.

¿Cuál va a ser su plan económico para devolver la credibilidad a la Argentina para el inversor extranjero, bajar la desocupación, terminar con el hambre…?

Vamos a devolver, en base a un firme liderazgo, la confianza en las instituciones básicas de la economía, restaurando los contratos esenciales y la seguridad jurídica sobre la base del derecho de propiedad. La estrategia esencial pasará por reglas de juego claras que se respetarán desde el mismo estado y la decisión de honrar, de acuerdo a las posibilidades reales de nuestra economía, los compromisos asumidos en materia de deuda pública.

En este terreno, no pediremos “quitas”, sino una rebaja sustancial de los intereses y una reprogramación de los plazos, honrando el capital. Afrontaremos esas obligaciones con un superávit fiscal del orden del cuatro por ciento que aspiramos a elevar al seis por ciento en el mediano plazo. Confiamos en este sendero para restaurar la confianza de los inversores internos y externos y así restaurar las condiciones para poner en pie nuestra estructura productiva y con ella crear cientos de miles de puestos de trabajo destruidos en los últimos años.

Los inversores extranjeros gozarán de un tratamiento similar al de los argentinos, como hicimos durante mis dos gobiernos.

Desde el primer día de nuestra gestión implementaremos un plan destinado a garantizar dos raciones de comida diaria a todos nuestros compatriotas que se hallan por debajo de la línea de pobreza. Acudiremos para su implementación a la capacidad logística de Organizaciones No Gubernamentales, distintas confesiones religiosas y la estructura de nuestras Fuerzas Armadas.

¿Piensa dolarizar o volver a la convertibilidad? ¿Cuál va a ser su política monetaria cuando asuma?

Vamos a defender una moneda fuerte. Ese será el objetivo de nuestra política monetaria.

La estrategia de devaluación y un peso débil han tenido consecuencias demoledoras para el poder adquisitivo de los trabajadores. Resulta evidente que en un país exportador de alimentos la devaluación encarece brutalmente el costo de la canasta básica familiar perjudicando a los más pobres que son quienes destinan un mayor porcentaje de sus ingresos para la compra de los productos de primera necesidad.

Cuando uno observa la historia argentina, salta claramente a la vista que los momentos de peor distribución del ingreso son aquéllos en los cuales el valor de nuestra moneda se encontraba, como en la actualidad, brutalmente deprimido.

¿Cómo va a alcanzar la gobernabilidad en un escenario tan dividido dentro de su propio partido y con tantos enfrentamientos entre los principales referentes?

La historia del Partido Justicialista demuestra que nuestras bases siempre se han manifestado unidas, más allá de las diferencias circunstanciales de los dirigentes.

Estoy convencido que desde el primer día de mi gobierno contaré con el apoyo de todos los afiliados y que la unidad desde abajo se materializará también en las estructuras partidarias. El 27 de abril (mañana) se pondrá de manifiesto el apoyo mayoritario del peronismo a nuestra fórmula y desde allí convocaremos al conjunto de nuestro Movimiento y del país a un Gobierno de Unión Nacional.

El peronismo tiene una gran fuerza integradora como ha quedado evidenciado a lo largo de su trayectoria. Esa fuerza es lo que alimenta su vigencia y también su capacidad de garantizar la gobernabilidad.

¿Qué piensa de la postergación de la firma de George Bush al Tratado de Libre Comercio con Chile? ¿Cree que fue una manera de aleccionar a los países que no se alinearon en su política frente a Irak? ¿Usted qué hubiera hecho si hubiese sido el presidente y Argentina estaba en el Consejo de Seguridad, tal como lo estuvieron México y Chile?

El Tratado de Libre Comercio entre Chile y los Estados Unidos representa una alianza estratégica para ambos países y por lo tanto no creo que sea susceptible de castigos por cuestiones puntuales o circunstanciales diferencias.

En cuanto a mi posición frente al conflicto en Irak no hubiese variado a la que manifesté oportunamente: a favor de la paz y en contra del terrorismo y las tiranías.

Una última pregunta, que creo que a muchos los intriga pero nadie se atreve a hablarlo. ¿Cree que hubo un “golpe” de estado contra Fernando de la Rúa? En su visión, ¿qué pasó aquel día?

Creo que en las semanas previas al 20 de diciembre de 2001 hubo maniobras desestabilizadoras por parte de algunos actores políticos y sociales que, sumadas a la inoperancia de la Alianza oficialista, precipitaron la caída del gobierno y cerraron las puertas a otras alternativas que favorecieran la gobernabilidad. No sé si técnicamente se puede hablar de un golpe de estado pero sí puedo afirmar que hubo quienes, guiados por intereses mezquinos y con la mente puesta en una devaluación y una licuación de sus deudas, motivaron el derrumbe de una administración y también el de las instituciones económicas vigentes.

En todo caso, los resultados de esos comportamientos fueron nefastos para la mayoría del pueblo argentino.

Cómo piensa Menem sobre…

El peronismo: “Yo nací y me formé políticamente en el ámbito del peronismo. No conozco otro partido político. Soy peronista y mi ídolo y mi maestro en el mundo de la política fue el teniente General Juan Domingo Perón, tres veces presidente de los argentinos. Sume usted los porcentajes de los tres candidatos del justicialismo, y estamos superando largamente el 70 por ciento. Así que el justicialismo no está muerto ni mucho menos. El que está muerto es el radicalismo, que insiste en viejas políticas”.

Privatizaciones: “Todas aquellas empresas que bajo la conducción del Estado, como las empresas públicas, no funcionen, van a ser privatizadas. La mayoría de los argentinos están a favor del proceso de privatización de los años 90”.

El “default”: “Creo que fue un tremendo error la declaración del ‘default’ (cesación de pagos de la deuda externa) y nos hizo quedar muy mal en el mundo, con un planteo así tan apresurado, y máxime con un Presidente que se fue a los siete días”.

La convertibilidad: “Fue un error salirse de la convertibilidad. He dicho que la devaluación y la pesificación ha sido uno de los errores más grandes que cometió Argentina. Fue un error salir de ella pero por ahora es imposible volver”.

La brecha entre ricos y pobres: “Cuando nos fuimos nosotros, el ingreso per cápita en Argentina era de más de 8,000 dólares (según la ONU) y el índice de pobreza era del 24 por ciento. Cuando nosotros asumimos, en 1989, el índice de pobreza era del 49 por ciento, lo bajamos el 25 por ciento. Después vino la debacle: el impuestazo, las rebajas de los salarios, se empezó a parar la industria, y a partir de las medidas que se tomaron hubo una avalancha de pobres”.

La posibilidad del fraude electoral: “El presidente Eduardo Duhalde, a la salida de la visita al Papa, dijo que existía la posibilidad de fraude. Eso no lo dijo ninguno de los candidatos ni lo dije yo. Él instaló este tema del posible fraude en Argentina. Después salió a decir que era una cuestión de los políticos que están en plena campaña”.

(Norma Domínguez es periodista argentina, editora de contenidos del portal argentino de internet Nueva Mayoría)  

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