- Irresponsabilidad y alcoholismo
hicieron pasar sustos a familias
veraneantes en Pochomil
José Adán Silva [email protected]
Pasadas las nueve de la mañana del pasado sábado, la pequeña “Elisa” fue llevada de la mano por una señora que la encontró llorando, desconsolada, a orillas del mar.
De 18 meses de edad, con su short azul mojado, su camisa de Pokemon, y con el miedo reflejado en los ojos, la niña no paró de llorar en el puesto principal de atención que la Cruz Roja instaló en Pochomil.
Fue hasta las cuatro de la tarde de ese mismo día, siete horas después, que “Elisa” dejó de llorar, cuando frente a ella se plantó una joven con aliento alcohólico y ojos enrojecidos, que se identificó como su madre.
Tras una ligera discusión con un guarda que le exigía una identificación, la joven madre se llevó a su hija y a unos metros del puesto de rescate, para sorpresa de todos los que veían la escena, se quitó una chinela y le pegó a la niña.
“Por vaga”, le repitió durante la tunda a la azorada niña que, de seguro, no comprendió el por qué de la paliza.
Casos como éste se repitieron en la playa de Pochomil, en el Pacífico central de Nicaragua, durante los últimos cuatro días de Semana Santa.
Según José Dolores López, jefe del puesto de rescate de la Cruz Roja en Pochomil, desde el Jueves Santo hasta ayer Domingo de Resurrección, ellos atendieron más de 65 casos de niños que fueron encontrados perdidos en la costas de Pochomil.
López dijo que este año en ese balneario hubo más casos de niños extraviados, que rescates en las aguas. “Como nunca, se ha visto este tipo de atención”, señaló el cruzrojista, quien como muestra del fenómeno nos mostró a dos niños semidesnudos que yacían sobre una camilla.
Uno de ellos, de aproximadamente cuatro años, dormía tras haber llorado varias horas. El otro, de unos siete años, en short y sin camisa, no se rendía y seguía llorando y llamando a su madre. Sólo sabía que se llama Norvin y que su mama vive en Managua. Tenía más de cuatro horas de estar en ese puesto, y nadie lo había llegado a reclamar.
“Es el promedio de horas que pasa para que vengan a reclamarlos, de tres a cinco horas; siempre vienen llorando esperando lo peor, y casi siempre vienen a buscarlos con sus buenos tragos”, dijo López, quien nunca pensó que haría de niñero en esta Semana Santa.
Otro caso dramático de niño extraviado, ocurrió cuando una señora llegó al puesto de rescate a denunciar que su hijo de ocho años se había perdido. Ella pasó desde las cuatro de la tarde del viernes hasta las cinco de la madrugada del sábado esperando en silencio, pero llorando, a que la Cruz Roja le diera alguna noticia.
A esa hora se apareció su compañero de vida a decirle que el niño estaba en la casa, que él se lo había llevado para darle un susto a ella. Dicen los socorristas que aún se le sentía la resaca al bromista.
RECORD EN POCHOMIL
Sólo en Pochomil se registraron más de 65 casos de niños extraviados, los que fueron protegidos por la Cruz Roja. Los casos de niños perdidos superaron este año a los de bañistas rescatados en el agua, informó José Dolores López, jefe del puesto de rescate de la Cruz Roja en esa playa situada al sur del departamento de Managua.