- De Polín a niños de Palacagüina
Wilder Pérez [email protected]
A sus 80 años de edad, don Balbino Cruz no necesita gritar ni apelar a su antigua fortaleza física para poner las cosas en orden. Lo logra con su determinación al hablar.
Así, y con “un poco de marañas”, como él mismo dice, ha logrado hacer de Palacagüina, uno de los municipios con mayor nivel en el béisbol infantil de Nicaragua, al punto que asegura colarse en las finales, consecutivamente, desde hace siete años, incluyendo la categoría preinfantil.
“Don Balbino” es una leyenda en el béisbol menor del país, pero ya lo era en su municipio, desde que empezó a jugar antes de tener diez años de edad, y tomar el puesto de padre de su sobrino, el gran Apolinar Cruz, apodado “Polín”, uno de los jonroneros más temidos del deporte pinolero.
En entrevista con LA PRENSA, conversa sobre cómo Palacagüina pasó de ser un equipo colero, a uno de los mejores en infantil, de su pasión y, desde luego, de “Polín”.
¿Desde cuándo campeones de Madriz?
Todos los años uuuuh, casi desde que empezamos hemos sido campeones.
¿A qué se debe esa efervescencia?
Bueno, lo que pasa es que, por lo menos yo, tengo que estar con los muchachos casi todo el invierno jugando y, sacando la seleccioncita, han progresado mucho.
¿Cómo hace para que progresen, qué tipo de prácticas les da?
Ahí les hago un poco de marañas, para que aprendan.
¿Así hizo a Apolinar Cruz?
Seguro.
¿A qué otros familiares ha entrenado?
Aquí está uno de los “Polín”, Keyfer Cruz.
¿Y qué lo mueve a hacer eso?
Es que me gusta el béisbol, me gustan los niños principalmente, me gusta, me gusta, me gusta.
¿Tiene esperanzas de que salga otro Polín?
Ah, claro, ahorita tengo un sobrino que tiene todo como Polín, tiene 16 años, pero tira la bola, es grande, espigado, corre, batea, se llama Cristian Cruz.
¿Usted patrocina los equipos?
Seguro. Sólo lo que es uniformes, me cuestan tres mil 400 córdobas, más el transporte, y todo lo que se necesita para venir.
¿Y de dónde saca los riales?
¡Jáh!, de mi trabajito. Tengo mi finquita, un poquito de animales, y de ahí vivo, ordeñando mis vaquitas y vendiendo la lechita.