Calor humano

Vladimir Castillo El sábado veintidós de marzo del corriente intenté visitar en su lecho de enfermo a un amigo, en el hospital Amistad Japón-Nicaragua, en Granada, pero los guardas de seguridad no me permitieron brindarle la única medicina que mi amigo no necesitaba comprar en dicho centro. Hasta ese día, yo sabía que los días […]

Vladimir Castillo

El sábado veintidós de marzo del corriente intenté visitar en su lecho de enfermo a un amigo, en el hospital Amistad Japón-Nicaragua, en Granada, pero los guardas de seguridad no me permitieron brindarle la única medicina que mi amigo no necesitaba comprar en dicho centro.

Hasta ese día, yo sabía que los días sábados de 3 a 4 p.m. uno podía aligerar el sufrimiento de los desvalidos; pero ese día me dijeron los guardas que si no era familiar del paciente no podía visitarlo. Hay pacientes que son ignorados por sus familias o quizás no la tienen cuando más la necesitan. O sea que para la autoridad de ese centro la amistad no vale.

Yo he estado hospitalizado y sé que en momentos difíciles no hay mejor medicina que las visitas; pero parece que hasta eso se está negando, a pesar de que el calor humano es lo que más falta en la mayoría de los hospitales públicos de Nicaragua.  

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