Esta foto de Saddam Hussein jugando con un tigre, fue encontrada en uno de los palacetes de su hijo Odai, en Bagdad. (LA PRENSA/AP)

Lujo, desenfreno, lujuria: la “Mansión Playboy” de Odai Hussein

Mientras el pueblo sufría grandes privaciones, los hijos de Saddam vivían en el derroche absoluto cual antiguos califas Niko PriceAP BAGDAD.- Su zoológico personal tenía leones, chitas y un oso. En su almacén, hay una cava con un millón de dólares en vinos y licores finos y heroína; y en su casa, habanos, cajas de […]

  • Mientras el pueblo sufría grandes privaciones, los hijos de Saddam vivían en el derroche absoluto cual antiguos califas

Niko PriceAP

BAGDAD.- Su zoológico personal tenía leones, chitas y un oso. En su almacén, hay una cava con un millón de dólares en vinos y licores finos y heroína; y en su casa, habanos, cajas de champaña y fotografías de prostitutas, bajadas de la Internet.

Mientras que la mayoría de los iraquíes sufría bajo las sanciones de la ONU que llevaron al país a la pobreza, el hijo mayor de Saddam Hussein, Odai, gozaba una vida de autos de carreras, licores costosos y mujeres fáciles, según pudo verse en un recorrido, el lunes, por su casa bombardeada.

Los muros de un gimnasio están cubiertos de impresiones de imágenes de mujeres, bajadas por Internet –“la mayor colección de mujeres desnudas que he visto”, dijo el capitán del Ejército estadounidense Ed Ballanco. “Era algo propio de la Mansión Playboy”.

Entre las fotos están las de Jenna y Barbara Bush, las hijas gemelas de 21 años del presidente estadounidense George W. Bush, “muy bien ataviadas, en vestidos de noche”, agregó Ballanco, quien agregó que los soldados las retiraron “para proteger al presidente”.

El complejo de Odai Hussein está en un extremo trasero del Palacio Presidencial, una pequeña ciudad con avenidas de seis carriles, semáforos y un hospital. Los soldados estadounidenses que ahora ocupan el lugar dicen que creen que la parte de Odai incluye una casa, un almacén, un gimnasio, un harén y un zoológico.

Es obvio que la casa pertenecía a Odai. Entre los escombros dejados por una bomba que estalló dentro de un búnker bajo tierra, hay papelería con el nombre de Odai en letras doradas, fotografías de él y decenas de copias de la disertación de doctorado de Odai: “El mundo después de la Guerra Fría’’.

En la casa también se percibe el lado sibarita de Odai que los disidentes criticaron durante décadas: deseos desenfrenados de alcohol, drogas y muchas, muchas mujeres.

Había botellas de tequila Cuervo 1800, de vodka Danska y de coñac Delamain, además de cervezas de barril Chimay, Corona y Miller.

En su oficina había bolsas y cajas de píldoras por todas partes: tónicos sexuales de ginseng, medicamentos para la acidez y Prozac, además de un equipo de monitoreo de anticuerpos de VIH marca Accu-Rite.

La casa estaba llena de cajas de pistolas y pilas de revistas como “Guns and Ammo” y “Guns”, además de revistas de autos españoles y catálogos de Jet skis.

En el almacén que fue cerrado por temor a que los soldados tomaran el licor, hay cuartos repletos de alcohol, tabaco y armas de fuego, Ballanco calculó que hay cerca de un millón de dólares en alcohol.

Agregó que había seis bolsas con heroína. Pero no calculó la cantidad que contenían.  

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