El Cuartel Central de Bomberos de Managua “Comandante Joaquín Vijil Lejarza”, fue construido con grandes esfuerzos. Bastaron unos minutos para que quedara destruido en la madrugada del 23 de diciembre de 1972. También resultó dañada la técnica y camiones que estaban dentro del edificio. Perecieron los bomberos Ronald Madriz y Miguel Salgado. A lo inmediato se inició la construcción de nuevos cuarteles y ya para el año 1979 había 14 Cuerpos de Bomberos organizados en todo el país, sin embargo sus presupuestos eran bajos.
El 29 de enero de 1980 se inicia una nueva etapa en la historia de los Bomberos en Nicaragua, al formarse el Sistema Nacional Contra Incendios (Sinacoi), pasando todos los Cuerpos de Bomberos a ser dependencia del Ministerio del Interior, quedando su estructura formada por la Dirección General de Bomberos, División General de Prevención de Incendios y División Administrativa. El tres de marzo de 1983 por Decreto de la Junta de Gobierno se aprobó la Ley Orgánica del Sinacoi, con funciones similares a las que tenía el INAPI, pasando a administrar por cuenta del estado los bienes y derechos de las organizaciones bomberiles.
El 28 de mayo de 1989, el entonces Sub- Comandante Héctor Sevilla Boza, Jefe del Sinacoi- Mint, en un documento hace constar que ha quedado constituida la Junta Directiva Provisional que se encargará de organizar el nuevo Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Managua, formaron parte: Walter Gutiérrez Téllez, Carlos R. Lietsch, Miguel González Ruiz, Juan M. Navas Zamora, Santiago Mendoza, Roberto Salgado y Rosa Cortés.
Doña Violeta Barrios de Chamorro, en su calidad de Presidenta de la República, emite el Acuerdo Presidencial No. 2-92, restituyendo a las organizaciones de Bomberos Voluntarios los bienes, derechos y acciones que poseían al año de 1980. Hasta la fecha no ha habido una clara definición de las funciones y competencia, tampoco medidas gubernamentales que diriman las contradicciones entre el Benemérito Cuerpo de Bomberos y la Dirección General de Bomberos.
Exigencias y necesidades
Los bomberos dejaron de ser simples “apagafuego”. Pasaron los tiempos de los simulacros en la Plaza de la República y los desfiles amenizados por la Banda Musical, debidamente uniformada. En la actualidad los requerimientos profesionales son más exigentes, la nueva técnica exige constante entrenamiento. Las estadísticas reflejan que los servicios para controlar incendios son menores que los de rescate y traslado de personas a clínicas y hospitales. El riesgo de los gases tóxicos obliga a usar mejores equipos. Ahora un operativo debe contar con una quijada de la vida o mandíbula para extracción de víctimas en caso de accidentes hasta cojines neumáticos.
-La abnegación, sacrificio y entrega de los bomberos no tiene el justo tratamiento para con ellos. En el caso de los voluntarios del Benemérito Cuerpo de Bomberos, las empresas nicaragüenses que tradicionalmente han ayudado redujeron el monto. Reciben apoyo de los Bomberos Unidos Sin Frontera de España, Bomberos Sin Fronteras también de España, la GTZ de Alemania, la OFDA – USAID, y la Alcaldía de Managua. La situación con que prestan sus servicios es verdaderamente dramática. Para operar en forma óptima y pagar el sueldo de la guardia permanente hacen falta dos millones de córdoba y apenas cuentan con medio millón.
-Referente a la Dirección General de Bomberos, dependiente del Ministerio de Gobernación, si bien hay presupuesto estatal y reciben donaciones los sueldos son muy bajos, al extremo que un Sub – Comandante con 20 años de servicio, acumulación de cursos y experiencia, gana un poco más de dos mil córdobas. Para los jóvenes que aspiran a profesionalizarse como bomberos no es una buena perspectiva económica. Los diplomas y reconocimento tienen un valor moral que debe ir a la par de las mejoras materiales y condiciones de vida familiares.
-Muchas vidas se han salvado y tantos bienes preservados, gracias a la acción heroica de los bomberos, muchos de ellos humildes trabajadores que prestan sus servicios en forma voluntaria, desgastando sus vidas, sin importar riesgos y desvelos, fieles a los principios de disciplina, honor y abnegación.