Las dos guerras sobre Irak

Víctor Manuel [email protected]

El caso Irak, me ha permitido aprender un capítulo sobre política exterior; las potencias se dividieron en dos direcciones, los que promovían la guerra diplomática liderada por Francia y Alemania y los que promovían la guerra real liderada por Estados Unidos y el Reino Unido.

El desdoblamiento entre lo que se dice y los hechos reales, le abrió los ojos al mundo frente a dos posiciones; los que lideraban la guerra diplomática, quedaron al descubierto sus negociaciones secretas sobre armas y otras empresas a pesar del bloqueo económico, pretendiendo ganar tiempo sin valorar la muerte de los kurdos, los daños causados a Kuwait o la violación de los derechos humanos por Hussein.

Los promotores de la guerra real pretendían que el Consejo Permanente de Seguridad le atara las manos al gobierno de Irak, que presionara hasta obtener mayor información o que le abriera una ventana que permitiera que ese gobierno se diera cuenta que la guerra venía en serio y que las consecuencias serían peores para su gobierno hasta la pérdida de sus propias vidas.

Frente a estas dos posiciones no se observa del secretario general de las Naciones Unidas, ni de ningún otro gobierno una alternativa más concreta para definir las cosas; al contrario la guerra diplomática se salió del consejo de seguridad para hacer sus planteamientos ante los medios de comunicación, donde el Gobierno de Francia hizo uso del veto fuera de las Naciones Unidas y por su parte Estados Unidos no presentó su nueva alternativa convirtiendo al Consejo de Seguridad en una muralla de lamentos y dejando en evidencia la falta de liderazgo internacional de este organismo, por la falta de capacidad para lograr un consenso, abusando del lenguaje diplomático de los años 50 y 60.

Las actitudes en el seno del Consejo de Seguridad lograron su fruto, dividiéndose éste y dividiendo a la Comunidad Europea y la OTAN. Cuando los hechos de la guerra están concluyendo comienza otra guerra diplomática, la de tratar de convertirse en gestores humanitarios, pero la comunidad internacional espera que Francia y Alemania den un paso, poniendo a la disposición estos países unos trescientos millones de dólares para ayuda humanitaria y la reconstrucción de Irak; la guerra real ya transportó en tres barcos de guerra alimentos para los damnificados y el congreso norteamericano aprobando una partida de millones para la ayuda humanitaria y la reconstrucción de Irak.

Está por escribirse un nuevo capítulo sobre política exterior (post-guerra), como es el de superar los discursos, pasar meses elaborando documentos para finalizar con contribuciones inferiores a los millones invertidos en funcionarios diplomáticos desde 1991 hasta la fecha, sin ningún resultado ni metas que se puedan cuantificar.  

Editorial
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