La nueva Ley de Tránsito y el transporte colectivo

Luis A. Villalta [email protected]

Hoy la mano desnuda de un busero o de un taxista es muchísimo más poderosa que la de aquellos guardaespaldas de la década de los 80, que usando un guante anaranjado y una gran dosis de prepotencia detenían a los ciudadanos para que pasara uno de tantos “dirigentes” que raudos y veloces no permitían que los mortales los atrasaran en su inmortal tarea de destruir a la Patria, tal como quedó demostrado después.

“O te apartás o te aparto, yo me detengo donde me da la gana, recojo pasajeros en media calle el semáforo me vale, la raya amarilla me &%$/%$…, los policías me hacen los mandados” y así por el estilo parece ser la filosofía de la mayoría de los conductores del transporte colectivo de Nicaragua. Como todo en la vida, me imagino que habrán sus honrosas excepciones entre el gremio de conductores profesionales lo que serviría para afirmar que las excepciones confirman la regla. Y si a usted, sencillo ciudadano, “se le ocurre” chocar con alguno de ellos, mejor que Dios lo agarre confesado porque allí se lo llevó quien lo trajo con la receta de que: “vé, hermanooó, yo soy pobre, aquí estoy todo, echame preso si querés, agarrá los cinco mil pesos del seguro y andá quejate donde vos querrás”, y te quedaste fregado con tu carro desbaratado. Y si es el pobre usuario, parece que los buseros les hicieran un favor al transportarlo, puesto que el trato que recibe es infamante; basta verlo apiñado como en una lata de sardinas a punto de explotar cuando el bus transita por una rotonda, a alta velocidad por supuesto.

Obviamente, el transporte colectivo es un asunto de interés social, nacional, estratégico y de primera necesidad, y al igual que todo problema social la solución a sus problemas pasa por dos aspectos igualmente importantes: la educación para obtener un comportamiento adecuado y la represión para corregir comportamientos inadecuados. Y en esto hay que hilar muy fino puesto que las autoridades deben encontrar la frontera donde fracasa la educación y debe empezar la represión.

De cualquier manera, según parece las autoridades ya comenzaron por el lado legal con la aprobación de la nueva ley para el Régimen de Circulación Vehicular que trae reglamentaciones muy novedosas (para Nicaragua) y que pretenden acabar con los males arriba mencionados. Por ejemplo, la disposición del seguro obligatorio con indemnizaciones por daños a terceros de hasta dos mil quinientos dólares por persona muerta y daños materiales. Así mismo, la ley permite que los transportistas organicen afianzadoras a fin de ofrecer los seguros que la nueva ley manda y que permitirá pagar indemnizaciones módicas a los familiares de aquellos desafortunados pasajeros que sufran accidentes.

Adicionalmente la ley contempla que para poder circular los buses deben poseer sus respectivas puertas delanteras y traseras, algo que si se hubiera implantado antes, hoy estarían vivos al menos diez ciudadanos. Algo importante en esta ley es la creación del Consejo Nacional de Educación Vial, que sería financiado con un pequeño porcentaje de lo que las compañías aseguradoras logren recaudar. En términos generales la ley propone realizar campañas educativas en educación vial e incrementa los montos de las multas por infracciones peligrosas hasta un equivalente de 100 dólares para los homicidas en potencia, que manejan ebrios y podrían destruir vidas y propiedades, lo que es muy poco dada la magnitud del daño que causan.

En resumen, la nueva ley es un avance en el campo legal y después de analizarla detenidamente, mi opinión es que ahora se cuenta con una excelente Ley de Tránsito. Pero… y allí está el pero de los nicaragüenses. Todo nuevo marco legal necesita de instituciones fuertes para aplicarse y queda la pregunta sobre la capacidad institucional de la Policía Nacional para su aplicación, porque es más fácil obtener un hola de la estatua de Montoya, que encontrar el número suficiente de reguladores de tránsito en Managua, o en las carreteras, porque simplemente “no hay presupuesto para tanta gente”.

Creo que el fortalecimiento de la Policía de Tránsito se volverá un asunto vital para evitar lo que siempre ha pasado: excelentes leyes pero poca capacidad de aplicación. Por lo tanto y mientras se ve qué va a pasar, el conductor debe conseguir su copia de la nueva legislación del tránsito y estudiarla, porque nadie puede alegar ignorancia de la ley.

El autor es funcionario y catedrático de la Universidad Thomas More.  

Editorial
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