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Con bastante más de vísceras que de razón, mi amigo y colega Jefe de Redacción de LA PRENSA, Eduardo Enríquez, ha dedicado sus dos últimas columnas a criticar al Poder Judicial. Vean por qué califico de viscerales sus críticas.
A propósito de la polémica con el procurador Francisco Fiallos sobre la corrupción en el Poder Judicial, el columnista acusa a los magistrados de tener epidermis “de cristal”. Bien por el derecho de criticar, pero mal por la objetividad periodística, pues afirma que el informativo abierto al Procurador en la Comisión Disciplinaria es “por indisciplina”, lo cual no es cierto. El informativo le fue abierto al doctor Fiallos por injuriar a los magistrados, afirmando sin pruebas que éstos reciben “coimas” y litigan desde sus despachos.
Más adelante, se pregunta Eduardo “¿qué han hecho para limpiar el Poder Judicial de la corrupción que lo carcome?”, y él mismo se contesta: “muy poco, aparte de unas cuantas decisiones sosas”, citando nada más una: el traslado del doctor Sabino Hernández a Río San Juan.
Vuelve mi amigo a pecar de poco objetivo, pues olvida mencionar otras decisiones igualmente importantes, como son los traslados de las juezas Yelba Aguilera y Ruth Chamorro —que dicho sea de paso, continúan siendo investigadas por la Corte— y el despido de la doctora Flavia Solís por la liberación del narcotraficante Juan Carlos Ospina. Todo esto sin mencionar la pública decisión de la presidenta Alba Luz Ramos de luchar en serio contra el mal de la corrupción, decisión que ha sido bien vista y respaldada por la población, el presidente Bolaños y la comunidad internacional.
¿Olvido del periodista o simple encono contra la Corte? Sigo. En su más reciente columna el periodista vuelve a la carga calificando al Poder Judicial de “inútil”, esta vez porque los beneficiarios de la Colonia del Periodista que resultaron estafados en la valorización de las casas, decidieron escoger la vía legislativa. ¿Qué culpa tiene la Corte de que los periodistas hayan preferido eso en vez de demandar en el Juzgado? ¿Es justa y objetiva la calificación de “inútil”?
Pero hay más, porque aprovechando lo anterior, retoma el tema de las críticas del doctor Fiallos y esta vez el columnista cita las 20 supuestas denuncias que el Procurador dice tener contra el magistrado Rafael Solís, las que califica de “quejas”. Y aquí vuelve a pecar por falta de objetividad Eduardo, primero porque no existe ninguna queja formalmente interpuesta contra el doctor Solís durante el período en que se ha desempeñado como magistrado; si existiera, ¿por qué no la ha publicado La Prensa? Y segundo, porque el Procurador no ha mostrado una sola prueba de sus acusaciones y es por eso que la Corte “cierra filas” y decide llamarlo al orden.
La Corte no ha decidido tapar nada. Muy por el contrario, al Procurador se le ha pedido que si tiene pruebas de lo que ha dicho que las presente para la Corte investigarlas. Y esto es público.
Quisiera pensar que la falta de objetividad de mi amigo no es pura mala intención suya ni del periódico que dirige, pero por la víspera se saca el día, sobre todo después de leer lo publicado en la página editorial de este lunes siete de abril, un artículo firmado por un supuesto abogado, identificado como Fabián Ruiz Ramírez.
Resulta que en los archivos de la Corte Suprema no existe ningún abogado con ese nombre. El único parecido es el doctor Fabián Ruiz Mairena, nacido en Estelí en 1914 y domiciliado en León, quien dicho sea de paso desde el año 2000 ya no presenta —tal vez por su edad— los índices de sus protocolos.
La página de Opinión de los periódicos se supone que es la más cuidada por los editores. ¿Qué pasó en este caso? ¿Le metieron gol a LA PRENSA? ¿No verificaron quién era el francotirador? ¿Acaso el código ético de los periódicos no prohíbe la publicación de artículos con seudónimo?
Tal vez valiera la pena investigar, porque semejante yerro, al igual que la falta de objetividad de mi amigo el columnista, desdicen mucho del sentido ético de la crítica periodística.
El autor es vocero del Poder Judicial.