Ayer publicamos un artículo de opinión (“Reacción ante un editorial”) de Vidaluz Meneses, quien forma parte del Consejo Editorial de LA PRENSA y es Enlace de la Coordinadora Civil de Nicaragua.
En su artículo la señora Meneses impugna el editorial de LA PRENSA del viernes cuatro de abril corriente (“Intolerancia y totalitarismo ideológico”), en el que dijimos que la acusación judicial que miembros de la Red de Mujeres Contra la Violencia interpuso en un juzgado de Managua, contra líderes del movimiento pro vida y antiabortista, es una muestra de intolerancia y de totalitarismo ideológico.
Señalamos entonces, y lo reiteramos ahora, que las ideas se deben combatir con ideas, no con acusaciones judiciales ni represiones de ninguna clase; y que los miembros del movimiento antiabortista tienen derecho a refutar los puntos de vista de los abortistas (así como Vidaluz Meneses tiene derecho a refutar los editoriales de LA PRENSA) y a pedir al Presidente de la República que excluya a aquéllos del Consejo de Planificación Económica y Social (Conpes).
Otra cosa fuera que el Presidente de la República atendiera esa petición y excluyera a la Red de Mujeres del Conpes, pues violaría el derecho de representación de ese organismo y nosotros seríamos los primeros en criticar por eso al Gobierno.
En realidad, debemos decir que si la acusación judicial fuera al revés, es decir, de los pro vida y antiabortistas contra la Red de Mujeres Contra la Violencia, igual la calificaríamos como intolerancia y totalitarismo ideológico.
Ciertamente, es deplorable, cuando menos, que en Nicaragua —donde el bien más preciado que se ha podido conquistar mediante la democratización es el derecho a pensar y decir en privado y en público lo que se piensa— se acuse ahora criminalmente o se persiga de cualquier manera a quienes ejercen ese sagrado, incondicional e inalienable derecho ciudadano y humano.
Vidaluz Meneses también lamenta que en el mencionado editorial de LA PRENSA del cuatro de abril en curso, trajéramos a colación el tema de la libertad de expresión, “atribuyéndolo a la Red de Mujeres la maternidad de la aún incomprendida y debatida propuesta Ley de Igualdad de Derechos y Oportunidades, aplicándole de una vez el prejuicio visceralmente antisandinista”.
Visceral se dice de quien no razona sino que actúa por impulso del estómago, el hígado o el corazón. Pero está equivocada la señora Meneses, quien desafortunadamente incurre en el antiguo y contumaz defecto de los izquierdistas de todo el mundo, quienes creen que sólo ellos son inteligentes, usan el cerebro y tienen la razón, y que quienes no compartimos sus criterios actuamos por reacciones viscerales, o como se decía en Nicaragua cuando mandaban los sandinistas y se dice actualmente en Cuba, por intención “criminal”.
Los editoriales de LA PRENSA se basan en principios fundamentales que están establecidos en su Código de Ética, Normas del Consejo Editorial y Principios Éticos del Editorialista: veracidad, justicia, honradez intelectual, integridad, apartidismo, responsabilidad social, tolerancia, transparencia, democracia, derechos humanos, defensa de la familia y la moralidad pública e individual, libertad de empresa, convivencia pacífica, reconciliación nacional, libertad de expresión y de prensa, etc.
Precisamente porque actuamos en base de principios y no visceralmente, es que rechazamos toda forma de intolerancia y totalitarismo, aunque se les disfrace mediante una llamada Ley de Igualdad de Oportunidades que las feministas proclaman como su objetivo fundamental del momento. Por esos principios es que consideramos que las acusaciones judiciales contra quienes defienden el derecho a la vida desde la concepción, son actos de intolerancia y totalitarismo ideológico. Y por esos mismos principios hemos dicho y repetimos que semejante intolerancia demuestra que si el FSLN volviera al poder, reprimiría de nuevo a quienes disientan de su régimen, como lo hizo en los años ochenta, y como lo hacen ahora en Cuba, donde condenan a 25 años de prisión a quienes cometen los “delitos” de pensar, expresar sus opiniones y ejercer su derecho natural y humano a informar y ser informados.
En realidad, visceral es la intolerancia de las ideas ajenas y la persecución a quienes piensan de manera distinta. Defender la libertad de expresión, en cambio, es hacer el mejor uso posible de la inteligencia y la razón.