Freddy Potoy [email protected]
Hoy quería escribir sobre el líder opositor del Congreso Nacional iraquí, Ahmad Chalabi, ex banquero condenado en Jordania por fraude y malversación, y el apoyo de Washington, el Pentágono, el Congreso de Estados Unidos y los empresarios del petróleo a este hombre en una etapa de postguerra en Irak.
Pero igualmente creí importante aclarar algunos puntos a varios lectores de LA PRENSA sobre la cobertura que se le ha brindado a este conflicto a través de los distintos medios de comunicación internacionales.
Los dos jefes de información (Douglas Carcache y yo) así como el editor de la sección internacional de LA PRENSA, Alberto Alemán y el editor gráfico Tomás Stargardter, hemos estado al frente del contenido del Suplemento Guerra en Irak y lo que se publica diario en la portada del rotativo, para brindarles un producto excelente.
Nos hemos regido estrictamente en base a la política informativa y editorial del diario, así como al Manual de Estilo y el Código de Ética del mismo, con la finalidad de respetar, antes de todo, a nuestros lectores y cuidar nuestro prestigio profesional. La guerra y su cobertura no es un juego. Los “estrategas de salones”, como bien llama el periodista Alfonso Rojo, de El Mundo (España), a quienes hacen sus valoraciones sin saber lo que ocurre en el frente de batalla, muchas veces se equivocan.
En el caso nuestro, hemos recibido correos electrónicos que más allá de ser valoraciones estrictamente profesionales, basadas en argumentos técnicos y al amparo de la naturaleza de todo el andamiaje que conforma a un medio de comunicación, simplemente son líneas escritas desde las entrañas de personas con una fuerte carga de intolerancia y caprichos políticos o ideológicos.
Personalmente siempre estoy abierto a la crítica sana que contribuye al fortalecimiento del desarrollo humano, es más, cuando cometo errores, los asumo con entereza no sólo en privado, sino públicamente, y soy el primero (antes que me lo señalen), en reconocerlos y pedir que se apliquen las medidas necesarias sin contemplaciones. Pero no admito ofensas verbales o escritas y tampoco respondo insultos.
Hay quienes han expresado que LA PRENSA es una versión modernizada de la extinta Barricada, otros me han dicho que pareciera que el contenido editorial del diario está dirigido por la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua. A las personas que asumen ambas posiciones no me resta más que decirles que lamento el anquilosamiento de sus ideas retrógradas y que siguen refugiadas en una posición trasnochada sin lograr dar el salto hacia la modernidad del pensamiento humano.
No tenemos intereses petroleros y tampoco somos profesionales al servicio de Estados Unidos o Gran Bretaña, somos periodistas profesionales que tratamos de brindar el mejor contenido posible de lo que ocurre en Irak y resto del mundo. En nuestras ediciones sobre la guerra en Irak, además de la información estrictamente definida, también se han publicado análisis, crónicas, entrevistas y artículos encaminados a darle algo adicional a los lectores para que tengan una amalgama de elementos sobre el conflicto.
De igual forma, estoy dispuesto a debatir con quien quiera, sobre cada una de las ediciones de LA PRENSA desde que comenzó la guerra en Irak, siempre y cuando los argumentos sean profesionales y no emotivos.