- La menor salvadoreña, originaria de Candelaria de la Frontera, quedó embarazada a los ocho años, producto del abuso de su padrastro, confesó a la sicóloga que la atiende.
El martes le fue realizada una
cesárea para dar a luz a un niño
M. Posada/M. Sánchez/J.R.
EL SALVADOR.- Luisa, nombre ficticio que usaremos porque es menor de edad, llegó a conocer cómo vienen los niños hasta que estuvo en el quinto o sexto mes de embarazo. No sabía ni lo que era la ‘regla’, aunque tiene presente que le salía sangre cada vez que su padrastro la violaba.
Hoy, a sus nueve años y tres meses exactos, es una niña, madre de un niño de cuatro días de vida.
Como señala Giannina de Afane, sicóloga de la Fundación “Sí a la Vida”, institución que cobija y vela por la menor, el principal reto es prepararla para hacerle frente a los meses que se avecinan.
“Puede entrar en conflicto cuando ella vea que quiere cuidar al niño y no puede, porque ella también es una niña”, asegura de Afane.
Vestida con su bata blanca, en el último cuarto de cirugía obstétrica del hospital de maternidad, esa madre, con cara y todavía con cuerpo de niña, descansa sobre una cama a la que le sobra espacio por todas partes.
Aunque no lo quiera, es la triste protagonista de una historia que nace en el seno de una familia ‘poco equilibrada’.
La misma Julia Regina de Cardenal, presidenta de la “Fundación Sí a la Vida”, llega a esa conclusión después de escuchar a la mayoría de los miembros.
La mamá cree en el padrastro, una persona que la niña afirma que “constantemente era violada por él”. La abuela dice que era la niña la que buscaba al hombre.
En una de las conversaciones con esta última, Regina de Cardenal asegura que le respondía que “no era una niña, sino una señorita”.
Un buen día, Luisa, cansada de tanto vejamen, decidió huir de Candelaria de la Frontera, el municipio santaneco que la vio nacer.
No se fue sola, sino que escapó de la casa con un muchacho. Regina de Cardenal señala que, luego de las investigaciones, se determinó que el joven era el sobrino del padrastro.
LA COARTADA IMPERFECTA
Al parecer, el muchacho, de aproximadamente 18 años, fue obligado por su tío para enamorar a la niña. De esa forma, el violador se lavaba las manos y le pasaba la responsabilidad del embarazo al joven.
La niña asegura una y otra vez que jamás tuvo relación alguna con el muchacho.
La fundación le cree y hay una prueba irrefutable de su inocencia: la fecha cuando escapó con el muchacho no coincide con los meses de embarazo.
Regina de Cardenal dice lo mismo, pero de una forma más clara: “Antes de que se escapara, la niña estaba embarazada”.
La tía abuela de la niña, en palabras de Cardenal, “es la única cuerda con la que hemos hablado”. De hecho, reclamó a la mamá de la menor por haberla dejado sola con su padrastro.
Por razones que se desconocen y que escapan a cualquier respuesta explicable, Evila, su madre, depositó su confianza en la persona que vive con ella, a pesar de todo lo ocurrido y lo que ella pudo llegar a sospechar.
“Ella asegura que su marido no es el papá de su nieto”, recuerda Cardenal que le dijo la mujer, al tiempo que insistía en que le devolvieran a su hija.
En medio de esta realidad, el nacimiento de un bebé sano y salvo, y el óptimo estado de salud de la madre después de la cesárea, representa la mayor alegría para la joven madre en mucho tiempo.
Sin embargo, las instancias judiciales, en este caso la Fiscalía, han jugado un papel bastante distante de la pequeña.
Regina de Cardenal se pregunta por la actuación hasta la fecha, cuando señala que la Fiscalía no ha actuado, según ella, “porque el niño no había nacido. Hasta que nazca se le va a practicar el examen de ADN”.
La denuncia por violación fue interpuesta por la Policía el 4 de octubre de 2002, en la subregional occidental del ISNA.
“Si la niña no hubiera quedado embarazada, el padrastro hubiera podido seguir abusando de la niña, y como no había pruebas, no había delitos”, razona de Cardenal.
EL FUTURO DEL BEBÉ
Luisa quiere quedarse con el niño. El panorama no se pinta fácil, Luisa ha sostenido con firmeza su deseo de quedarse con el niño. Descarta entregarlo en adopción a otras personas.
Durante los próximos meses, el ISNA, como protector de los derechos de la niñez y la adolescencia, decidirá si Luisa es apta para poder criar al recién nacido. La menor será sometida a varias evaluaciones y exámenes sicológicos para determinar su madurez y las posibilidades reales que tiene para sacar adelante tanto su propia niñez como la de su retoño.
Si el juez encargado del caso falla en contra de la niña, tendría que iniciarse el proceso para que el bebé sea adoptado por una familia calificada.
Tomado de El Diario de Hoy