Antonio Lacayo
Dos recientes artículos aparecidos en LA PRENSA y El Nuevo Diario el 20 y 26 de marzo respectivamente, escritos por dos reconocidos profesionales, el Dr. José Luis Velásquez y el Dr. Francisco Laínez, que en lo personal respeto y aprecio, comentan aspectos macroeconómicos del período de gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
Por el récord, nada más, y por guardar la memoria histórica de ese gobierno, me veo en la obligación de comentar algunas aseveraciones alejadas de la verdad de los hechos. Cuando de historia se trata, se debe ser justos. De lo contrario, los jóvenes y los que inevitablemente vendrán detrás de ellos, jamás sabrán la verdad de lo sucedido.
En el primero, el Dr. Velásquez afirma que: “Durante el mandato de Violeta Barrios de Chamorro se superó el estado de virtual guerra civil que se vivió durante los últimos años de la década de 1980, lográndose la pacificación del país y el inicio de la reforma económica que requirió un profundo ajuste estructural y de estabilización macroeconómica”, lo cual es verdad. Pero a continuación se dice que: “A pesar de que no se logró crecimiento económico a lo largo del período, se sentaron las bases…”, lo cual no es verdad.
Después de cuatro años de cero crecimiento, hasta 1993, el país experimentó durante los últimos tres años del gobierno de doña Violeta un vigoroso crecimiento económico de 3.3 por ciento en 94, 4.3 por ciento en 95 y 4.8 por ciento en 96, cifras nada despreciables cuando hoy se ve que ya van dos años bastante flojos en este aspecto.
Para dejar mejor sentado al gobierno de doña Violeta ante la historia, quizás el Dr. Velásquez pudiera haber añadido que durante ese mismo gobierno se terminó de un solo tajo con la hiperinflación, se redujo a la mitad la deuda externa heredada de los gobiernos anteriores, y se aumentaron las exportaciones totales de 223 a 466 millones de dólares.
También se tuvo fuertes aumentos en la producción de café al pasar de 601,000 a 1,201,000 quintales, y aumentos en las exportaciones de azúcar de 1,213,000 a 2,835,000 quintales, y las de mariscos de 1,905,000 a 13,917,000 libras, una vez que fueron superados los años malos de la posguerra.
El gobierno que siguió al de doña Violeta sólo vino a usufructuar el impulso con que la economía había quedado en 1997, logros de toda una nación que al poco tiempo dejó caer hasta entregar el país con crecimientos abajo del dos por ciento, exportaciones un tanto reducidas, la deuda externa más bien crecida en un 10 por ciento y la deuda interna agigantada a niveles explosivos.
En el artículo del Dr. Laínez, por su parte, se dice que “La deuda pública contraída durante los años 80 y 90 se acumuló en desorden, bajo criterios políticos, y fomentó la corrupción”. Yo no respondo por lo sucedido en los años 80, pero doy con gusto la cara por lo que pasó de 1990 a 96, y lo afirmado por el Dr. Laínez sencillamente no es verdad en cuanto al período de doña Violeta se refiere.
La inmensa mayoría de la deuda pública contraída durante los años en que estuve al frente del equipo económico de la presidenta Chamorro fue con el Banco Mundial (antes BIRF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a plazos larguísimos e intereses bajísimos, para proyectos esenciales para la estabilización y el desarrollo del país, sin ningún interés político más que el bienestar de la familia nicaragüense, y sin ninguna corrupción.
El Dr. Laínez, y cualquier ciudadano en duda, puede visitar las oficinas del BIRF y del BID en Managua, y preguntar si en alguno de esos préstamos hubo la más mínima pizca de corrupción, o algún interés politiquero, o el más pequeño desorden. Sencillamente no fue así. Actuamos limpio, y por eso “los muchachos de doña Violeta” (incluido yo) se sienten orgullosos.
Asimismo, para dejar mejor sentado al gobierno de doña Violeta ante la historia, el Dr. Laínez pudo haber dicho una verdad que nadie debería pasar por alto al hablar de deuda pública, y es que el único gobierno en la historia del país que ha reducido la deuda, en lugar de aumentarla, fue precisamente el gobierno de los años 90, el gobierno de doña Violeta de Chamorro.
Yo sé que los economistas conocen bien estas cifras, pero me interesa que la gente, el ciudadano común que no tiene acceso a los números, o no tiene tiempo para estudiarlos, tenga la verdad entre sus manos. Por eso escribo estas líneas, por el récord, nada más.
Mi esperanza es que ahora, habiendo dejado atrás la mala experiencia del gobierno de Alemán, el país se pueda enrumbar de nuevo, y con gran mística, por el camino del fomento de la producción, del aumento de las exportaciones, de la reducción de la deuda externa y de la consolidación del sistema democrático, el único bajo el cual se puede avanzar con paso firme hacia la prosperidad que tanto se necesita.
El autor es ex ministro de la Presidencia.