Mario Alfaro Alvarado
Las Naciones UUnidas han tenido un éxito parcial en mantener la paz en el mundo. Han servido muy bien para evitar una conflagración mundial, pero no han podido enfrentar los conflictos regionales, las guerras limitadas.
En la guerra contra Irak, las Naciones Unidas se juegan su destino, porque hay algo más que una operación militar para eliminar a un régimen que promueve y estimula el terrorismo. Además de eso, en Irak se juegan cuantiosos intereses económicos de las grandes potencias.
Desde el 11 de noviembre del 2001 el pueblo de los Estados Unidos respira una atmósfera de temor e incertidumbre, pendiente de un posible atentado con armas biológicas, químicas o, quizás, atómicas. Policías y soldados armados, registros y controles en los sitios de mayor afluencia de personas, son los heraldos de un peligro permanente. Como consecuencia, se ha reducido el consumo, se prolonga la recesión económica y las futuras elecciones penden del resultado que obtengan las tropas en las arenas de Irak.
¿Cuánto podrá soportar la sociedad estadounidense consciente de ser un rehén indefenso del terrorismo que acecha y espera el momento para volver a atacar?
México tiene su propia política exterior, que en algunos momentos contradice a la política exterior de Washington. El pueblo mexicano se opone a la guerra en el Medio Oriente y el presidente Fox necesita ganar la mayoría en el Congreso para fortalecer su gobierno y desarrollar sus planes políticos.
Francia tiene abultados intereses económicos en Irak, también Alemania y Rusia. Pero más importante que esto es que en la Unión Europea se ha formado un eje franco-germano, al que Rusia se aproxima. Dos objetivos persigue ese eje: la creación de una Europa desvinculada de los Estados Unidos y una mayor influencia de esos dos países en la economía y en la política continental. Fuera de este esquema quedan Inglaterra, España e Italia, que si se ven obligadas a formar coalición para defender sus propios intereses, se habrá dado el primer paso para dividir a Europa y, consiguientemente, la integración continental.
El pueblo inglés se mantiene reticente ante la integración plena a la economía del Euro, para lo cual tiene que abandonar su idolatrada Libra Sterlina. La lucha de Tony Blair es mantener a su país dentro de la Unión Europea, porque salirse de allí significa quedar al margen del continente y con poca influencia en el mercado integrado. Francia y Alemania, los dos países más ricos de Europa, dominarían el mercado común y algo más, lo que provocaría una reacción defensiva en los otros países integrados.
En Irak, con discreta apariencia, se enfrentan los intereses de Francia, principalmente, con los de Inglaterra y los Estados Unidos. Teme el gobierno francés que estas dos potencias controlen el petróleo del Medio Oriente y establezcan un monopolio mundial.
El Japón tiene grandes inversiones en los Emiratos Árabes Unidos, a quienes provee de tecnología industrial a cambio del petróleo que necesita para sostener su economía. Esto lo convierte en un aliado natural de los Estados Unidos.
En el pequeño escenario de las Naciones Unidas, Colombia enfrenta su propia guerra contra el terrorismo y la libra con la ayuda de los Estados Unidos.
Los países de Centroamérica tienen un doble interés que defender, uno es la firma de un TLC con los Estados Unidos; y el otro, la situación apremiante de los indocumentados, por los que se hacen gestiones para que Washington los legalice y con ellos aumentar el nivel de las remesas familiares.
Es cierto, hay un sentimiento mundial contra la guerra, pero no es el repudio a la guerra lo que evitará que el terrorismo mantenga al mundo permanentemente amenazado.
El autor es periodista.