Federico Dueñ[email protected]
Las razones del “imperio del tercer milenio” impusieron sobre la realidad su propia lógica. El mundo diplomático pone los argumentos y otros ponen los muertos. Rotundo fracaso de la ONU y la política mundial. Prevalece la intransigencia y la cólera de las armas. Las manifestaciones y protestas contra ella en todo el planeta, chocan ante la increíble arrogancia de los dos dirigentes, Bush el menor y Saddam, quienes se protegen con el nombre de Dios como en tiempos de las Cruzadas.
Es un macabro “collage” donde se aplican hechos como: la reorganización del Medio Oriente, la reestructuración de Europa, el codiciado petróleo, la reelección del presidente Bush, el 11 de septiembre, en el corazón y la emoción del “imperio del tercer milenio”, los claros y marcados intereses franco alemanes en Irak al que consideraban su protectorado, la eterna inestabilidad en la región, Israel y sus pretensiones estratégicas, etcétera.
Bush se considera destinado a proteger al mundo de sus enemigos, reales, potenciales o inventados. Cuando se manejaron posiciones claramente irreductibles por las partes y ambas hicieron fracasar a la ONU, fue más fácil el blanco o negro, el bueno y malo, para entender y tomar partido, pero justamente la diplomacia requiere la flexibilidad necesaria, incluso a costa de ciertos principios, para evitar el fracaso de la palabra y la inteligencia que redunda en la guerra. En el mundo de la política y más de la política internacional, difícilmente se equivoca sólo una parte y ésta es la responsable de todo lo malo.
Francia y Estados Unidos debatían, discutían y peleaban por intereses y bien concretos. Y también es cierto que en esta guerra hay muchos países y dirigentes claramente honorables que los acompañan, sin tomar en cuenta al Consejo de Seguridad de la ONU. Una combinación de terribles armas convencionales, químicas, biológicas y nucleares apuntan hacia un escenario infernal. Producirán daños ambientales incalculables, no sólo en la infraestructura material, a las edificaciones, carreteras, puentes, etcétera, que son inmensos y aparecen frecuentemente en los medios, sino también daños a los medios y sustentos de vida, a los cuerpos, reservas y fuentes de agua potable y para la agricultura, al drenaje, a los recursos naturales, a los cultivos, ganado, aves, ecosistemas. Es decir, a toda posibilidad de vida, a toda fuente de sustento y bienestar para el pueblo de Irak en ruinas y devastado que emergerá de la guerra.
Son casi 25 millones de seres humanos, 16 de ellos en horrible miseria, caminando sobre las segundas reservas más grandes de petróleo del mundo. “El imperio del tercer milenio”, aunque quiera, no podrá cubrir con sus riquezas monetarias las increíbles pérdidas de esta masacre. Yo estoy contra la guerra, al igual que todo mundo, pero también estoy convencido que esta guerra se produjo por las muchas equivocaciones de todos los actores que intervinieron para resolver (y que no resolvieron) este conflicto.
Es decir, todos son responsables, incluido, por supuesto el tirano genocida Saddam Hussein; todos, hasta la lógica misma del “imperio del tercer milenio”. La lucha que vimos se dio entre la arrogancia de la fuerza y la arrogancia de una razón que, sin cálculo alguno, se apostó a sí misma. Ahora únicamente nos queda contemplar en la TV el horrible holocausto, consecuencia de la bestialidad humana. Vergüenza para la humanidad. ¿Acaso no hay un Dios eterno que todo lo mira?
El autor es empresario.