- La naturaleza se encargó de
darle un parto de trillizos, dos partos gemelares y uno sencillo.
Jehú Hernández Sandoval [email protected]
“Un milagro de Dios”. Esa es la única explicación que tiene doña Perla Marina Sánchez Sánchez para justificar que sus ocho hijos estén con vida, dada la situación de miseria en que se encuentran.
Y no es para menos. Se trata de una joven mujer que a sus 30 años ha tenido un parto de trillizos, dos partos gemelos y uno sencillo.
Vive en una humilde casita construida a base de láminas de zinc en el barrio Primero de Febrero, ubicada de la Kativo tres cuadras al sur, media cuadra arriba, en Managua.
Aunque reza un dicho popular: “Donde hay niños nunca falta el pan”, en la casa de doña Perla Marina Sánchez Sánchez, sí que falta, y muy seguido.
PARTOS MÚLTIPLES
El caso de esta humilde mujer si no es único, es como muy pocos en Nicaragua. En su primer parto, cuando apenas tenía 19 años, tuvo un parto de gemelas. Nacieron Rosa Carolina y Carla Vanesa Urbina Sánchez, quienes actualmente tienen 11 años. Dos años después nació Jennifer Urbina Sánchez, de nueve años en la actualidad.
Transcurrió el tiempo y por problemas terminó su relación de pareja. Años más tarde inició una nueva relación con alguien a quien le procreó tres hijos en un solo parto. Nacieron Medardo Antonio, Michael Antonio y Mynor Antonio Vallejos Sánchez. Ellos ahora tienen dos años de edad.
Al año de haber dado a luz a los trillizos, salió embarazada nuevamente y tuvo un parto de gemelitas. Nacieron Nayeri y Mayerli Vallejos Sánchez, quienes tienen un año de edad. Es decir, en cuatro partos, doña Perla Marina ha procreado ocho hijos.
ESCASEZ, EL PAN DIARIO
Y aunque su caso fue dado a conocer por diferentes medios de comunicación social, a la fecha sólo un organismo del que no supo precisar el nombre, le ayuda “de vez en cuando” con ciertos alimentos y ropita para sus niños.
Es decir, algunas personas particulares y organismos no gubernamentales se conmovieron ante su situación y acudieron al llamado de brindar un poco de ayuda.
Vive en condiciones precarias: una casita levantada con hojas de zinc en la que sólo alcanza una cama donde al parecer duermen los nueve, una pequeña mesita y unas cuantas sillas en pésimo estado. No se ven rastros de comida por ningún lado.
¿Cómo hace para que sus ocho criaturas no se mueran de hambre?, nos preguntamos.
Según ella, los vecinos le ayudan dándole a lavar ropa y a veces, pero sólo a veces, el hombre que fue su segunda pareja le lleva algunos alimentos, los que multiplica como si se tratase del milagro bíblico en el que Jesús utilizó cinco panes y dos peces para alimentar a una multitud.