Luis Arturo Ponce Paguaga
En LA PRENSA del 19 de marzo publicaron unas declaraciones de Carlos Mejía Godoy llenas de contradicciones y lejos de la realidad de lo que sucede con las Fuerzas Armadas en Estados Unidos. Lo digo con conocimiento de causa, porque tengo amigos y familiares que forman parte de la Marina de Guerra y de la Fuerza Aérea, y si están allí es, al igual que el hijo de Carlos Mejía Godoy, por su gusto y antojo.
Ninguna autoridad en Estados Unidos tiene la potestad de llegar en camiones a las escuelas y universidades para recoger chavalos, lo que parece es que a Carlos ya se le olvidó lo que hicieron durante años en Nicaragua, y él nunca dijo nada.
Como él mismo dice, su hijo Camilo ingresó al servicio militar de Estados Unidos en 1995, gracias a un “acuerdo” con las Fuerzas Armadas, y en mayo de este año (2003) finalizaba su “contrato” para continuar su carrera de Artes y Letras.
Dice que su hijo “jamás ha tenido una mentalidad militarista y que hizo suyo los valores del Ché Guevara”. Entonces está en el país equivocado, y en lugar de haber enrumbado hacia los Estados Unidos se hubiera ido a Cuba, Libia, o el mismo Irak.
A pesar de que su hijo, por su gusto y voluntad va hacia Irak, debería Carlos Mejía dar gracias a Dios de que va por el lado de los ganadores y de los que realmente buscan la paz.
Seguro estoy de que el hijo de Carlos Mejía debe estar orgulloso de servir a la nación que lo acogió, pues él mismo sabe que donde está es con su consentimiento y apenas está cumpliendo la parte del acuerdo y del contrato que le corresponde.