Un caza despega del portaaviones Theodore Roosevelt, de la Marina de Estados Unidos. (LA PRENSA/AP)

Pentágono apuesta a campaña rápida y precisa

Pretenden ocupar la mayor parte de Irak en una semana Rafael CañasEFE WASHINGTON.- Estados Unidos quiere que el ataque con misiles Tomahawk y aviones F117-A, que inició anoche sobre Irak, sea la fase previa de una ofensiva arrolladora, que elimine la capacidad de combate del Ejército iraquí y permita un rápido avance hacia Basora y […]

  • Pretenden ocupar la mayor parte de Irak en una semana

Rafael CañasEFE

WASHINGTON.- Estados Unidos quiere que el ataque con misiles Tomahawk y aviones F117-A, que inició anoche sobre Irak, sea la fase previa de una ofensiva arrolladora, que elimine la capacidad de combate del Ejército iraquí y permita un rápido avance hacia Basora y Bagdad.

Los planes del Pentágono tienen importantes diferencias respecto a la Guerra del Golfo de 1991 debido a los avances tecnológicos y cambios en la doctrina, que hacen concebir esperanzas de ocupar la mayor parte del país en menos de una semana.

Para empezar, EE.UU. ha desplazado a la zona menos fuerzas, además de que ha movilizado un número sensiblemente menor de militares (unos 690,000 en 1990-91 frente a unos 350,000 ahora, incluyendo esta cifra a los que irán en abril para ocupar Irak.

Este despliegue incluye más elementos de las Fuerzas Especiales y mayor énfasis en la movilidad, y responde a la intervención personal del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien cree que una operación relámpago contra los dirigentes del régimen iraquí dejará al país descabezado y sin capacidad de respuesta.

Las operaciones comenzaron ayer con el inicio de un bombardeo aéreo realizado con misiles de crucero y bombas aéreas teledirigidas, y se prevé lanzar unos 3,000 proyectiles de precisión en un período de dos a tres días.

EL PRIMER GOLPE

El primer ataque lanzado ayer por EE.UU. contra Irak estuvo dirigido contra líderes iraquíes cerca de Bagdad, dijeron fuentes del Gobierno estadounidense.

Agregaron que el bombardeo se hizo sobre objetivos selectos para intentar eliminar a altas autoridades iraquíes, incluído el presidente Saddam Hussein.

En el primer ataque aéreo se han utilizado al menos dos docenas de misiles Tomahawk y se emplearon también varios cazas “invisibles” F117-A.

El Pentágono confía en la eficacia de las armas dirigidas para destruir puestos de mando y control, centros de comunicaciones y elementos militares clave, lo que reduciría la capacidad de respuesta iraquí.

Durante la Guerra de 1991, la preparación aérea previa al ataque terrestre duró 39 días, y poco más del 8 por ciento de las bombas que se lanzaron en toda la campaña fueron dirigidas.

Además, muchos de esos proyectiles fallaron debido a que los métodos de guiado por láser o satélite estaban en sus inicios, pero se han perfeccionado en los últimos años.

LA INVASIÓN TERRESTRE

Tras el ataque aéreo debe seguir el ataque por tierra a partir de Kuwait, con unidades altamente móviles que tratarán de llegar a Bagdad en pocos días. EE.UU. espera controlar la mayor parte de Irak en menos de una semana.

Si las unidades iraquíes se mantienen al margen, las tropas de EE.UU. no tendrán que hacerse cargo de decenas de miles de prisioneros, lo que haría más veloz el avance.

El Pentágono ha elegido para este ataque a un reducido número de sus divisiones y regimientos autónomos de élite, dotados de gran potencia de fuego y alta movilidad.

Además de llegar lo antes posible a Bagdad, el objetivo será controlar rápidamente los pozos petrolíferos del sureste de Irak, en la región de Basora, a unos 65 kilómetros de Kuwait.

Además, las Fuerzas Especiales tratarán de controlar los emplazamientos conocidos de armas de destrucción masiva y de misiles Scud.

En el norte, la imposibilidad de usar el suelo turco como base de un ataque terrestre puede hacer que EE.UU. lleve tropas aerotransportadas al norte de Irak, donde constituirían una cabeza de puente, aunque de menor entidad que si Ankara hubiera autorizado el uso de su territorio.

Desde allí, las tropas de EE.UU., apoyadas por las milicias kurdas, atacarían hacia el sur para controlar los ricos pozos de petróleo del norte de Irak y lanzar un ataque hacia Tikrit, la ciudad natal de Saddam Hussein y de buena parte de los miembros de su régimen.

LA PESADILLA DE LOS COMBATES URBANOS

Los militares y estrategas de EE.UU. confían de forma total en la superioridad de sus medios materiales y humanos sobre los iraquíes en cualquier tipo de batalla.

Las armas del Pentágono son aún más modernas que las de 1991, mientras que las de Bagdad –al menos las convencionales– son iguales e incluso peores, debido a problemas de mantenimiento y obtención de repuestos por las sanciones internacionales.

Ante esta superioridad evidente de EE.UU. en campo abierto, en el Pentágono se teme que el régimen de Saddam recurra a los combates urbanos.

En este tipo de lucha, las tropas de EE.UU. sufrirían más bajas y habría muchas más víctimas civiles, lo que podría hacer la guerra más impopular, en todo el mundo.

Otra cuestión es qué hará la aviación iraquí, que en 1991 se refugió en Irán casi en su totalidad sin combatir. Ahora, el régimen de Bagdad, ante la falta de futuro, podría optar por emplear sus anticuados aviones de forma desesperada.

PARALIZAR CENTRO NERVIOSO

El Pentágono confía en que un ataque corto y brutal neutralizará los centros de poder y las comunicaciones del régimen iraquí y paralizará su maquinaria de guerra. EE.UU. podría emplear la llamada “bomba E”, que lanza descargas electromagnéticas muy potentes y paraliza los sistemas eléctricos y de comunicaciones. Además, los militares estadounidenses creen que el ataque aéreo quitará las ganas de luchar a la mayor parte del Ejército iraquí.  

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