- Daniel Cisne Portillo, nicaragüense de 26 años, es uno de los 280,000 hombres que van contra Saddam Hussein
- Se fue a EE.UU. para evitar el Servicio Militar sandinista, y desde enero espera la orden de fuego en el Golfo Pérsico
Eduardo Marenco Tercero [email protected]
En 1986, cuando era un niño de nueve años, Daniel Cisne Portillo fue enviado por sus padres a Estados Unidos porque temían que, cuando creciera, arriesgara su vida en el “Servicio Militar Obligatorio” (SMO) instaurado por el gobierno sandinista.
Sin embargo, la guerra se volvió inevitable en su destino, porque 17 años después, Daniel es un sargento del Cuerpo de Marines de Estados Unidos que entrará en combate cuando el presidente George Bush dé la orden de fuego en contra de Saddam Hussein.
Su madre, Erlinda Portillo, una maestra que vive de atender su bar “Terraza El Terreno”, en las inmediaciones del Mercado Oriental de Managua, donde es prohibido vender licor a militares uniformados, espera con angustia el desenlace de la primera guerra del siglo XXI.
Detrás de la barra, entre botellas de ron y vasos de vidrio, se observan los retratos de su hijo vestido de marine. Ella tiene fe en que nada ocurrirá a su hijo, y prefiere ocultar sus temores más íntimos.
“Aparento ser una mujer de hierro, pero el corazón se me derrite como una melcocha”, dice Erlinda, de 40 años, madre de otros cuatro hijos. Ella evita ver noticias de la guerra y tiene fe en que Dios cuidará de su hijo.
Erlinda cuenta que, siendo un niño, a Daniel le gustaba cantar el Himno a Carlos Fonseca, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), de manera que lo envió a Estados Unidos para borrar de su mente esas simpatías.
En San Diego, California, se incorporó a los 18 años al Cuerpo de Marina de los Estados Unidos (USMC, por sus siglas en inglés), donde ha ascendido hasta hoy al grado de sargento.
En estos días, Erlinda ha ido rezar a la Catedral de Managua por su hijo y por todos los que participarán en la guerra. “Pido por él y por todos los que andan ahí, ojalá no haya guerra porque seríamos afectados toditos; tengo fe en que todo se solucionará”.
Daniel adquirió la ciudadanía estadounidense y es casado con Angélica, una joven de Condega, a quien conoció en un viaje de vacaciones. No tienen hijos. “Ella se enamoró y se fue detrás de él, vendió una yunta de bueyes y engañó a sus padres con el cuento de que iba a pasar un curso a Estados Unidos”, recuerda su mamá.
“SOMOS INDESTRUCTIBLES”
Erlinda estuvo de visita en un puerto cercano a San Diego, donde incluso se probó el traje militar de su hijo y vio los inmensos portaaviones anclados en el puerto.
“¡Dios mío, qué pesa ese uniforme y ese casco que usan! Y hay una cantidad de barcos que uno se ve tan chiquito, tan ínfimo, que sentís temor de sólo verlos”, recuerda.
Ella subió al “Pearl Harbor”, una embarcación que define como un portaaviones, aunque solamente está equipado con helicópteros y vehículos anfibios, según cuenta ella.
Su hijo tiene fe en el poder de la Marina de Estados Unidos. “Él me decía: ‘Nosotros somos poderosos’. Yo le contestaba: ¡Pero frente al poder de Dios…!”
El entusiasmo de Cisne contrasta con el de analistas militares citados por el diario “USA Today”, según los cuales, al negarse Turquía a apoyar la invasión desde su territorio, no se podrá implementar una clásica “operación de tenazas” en contra de Irak, con ataques desde el Norte y desde el Sur.
Según los analistas, esto hará el combate más costoso para las fuerzas británicas, estadounidenses y para la población civil. De modo que el ataque se concentrará en el Sur, desde el Golfo Pérsico, a través de Kuwait por donde posiblemente le tocará combatir a Daniel Cisne.
“Somos indestructibles”, solía decir Daniel Cisne Portillo a su madre, “somos poderosos”.
EN EL «PEARL HARBOR»
La última vez que Daniel Cisne Portillo visitó Nicaragua fue a fines del año pasado, para estar en las fiestas de Navidad y de Año Nuevo con su familia, pero en especial para asistir a la conmemoración de los quince años de su hermana Linda Rubí.
Por esos días, su madre, Erlinda, recibió una llamada de un oficial que se identificó como jefe de su hijo, para comunicarle que Daniel tendría que viajar de inmediato y con urgencia a San Diego, para incorporarse a las tropas del Cuerpo de Marines, que a bordo de portaaviones, fragatas y buques de guerra navegarían hacia el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo, listas para invadir Irak.
Luego de múltiples gestiones con la Embajada de Estados Unidos y con las aerolíneas, para obtener cupo en un vuelo, logró partir hacia San Diego, California, el 10 de enero. Según la última comunicación vía Internet, seis días después estaba embarcado en el “Pearl Harbor”, que ahora navega en el Golfo Pérsico, según su madre.
“Sólo esperamos órdenes para entrar en combate”, le dijo su hijo vía Internet.
NO QUIERE GUERRA
Para Erlinda Portillo, madre del marine nicaragüense Daniel Cisne Portillo, que combatirá en Irak, la guerra de Estados Unidos y sus aliados en contra de ese país es una guerra sin sentido.
“Es una estupidez, pero ideay, ¿qué vamos a hacer? El pueblo no tiene por qué sufrir, es absurdo, no quiero que haya guerra”, dice la afligida madre. “Mi hijo es un ‘hombre mortero’, es guía, tiene que desembarcar, según él me dice…, allí no se sabe quién va a morir primero, me angustia saber eso, pero pienso que no le pasará nada”, razona.
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