- Familia de origen nicaragüense se fue a Costa Rica en busca de un futuro mejor, pero sólo tienen para sobrevivir
Carlos Hernández Corresponsal de La Nació[email protected]
KOOPER DE SAN CARLOS.- El destino ha golpeado muy duro a Genaro Oporta Reyes y a su esposa, Auxiliadora Martínez Sequeira, padres del niño de ocho años asesinado a machetazos el martes pasado en Costa Rica.
Este matrimonio de nicaragüenses despidió anteayer a su hijo, Greivyn, en el funeral al que se sumaron muchos de los 500 habitantes del pueblo agrícola de Kooper, donde ahora algunas madres temen por la seguridad de sus pequeños.
Por ejemplo, Adelina Alemán Mendoza le lanzó una advertencia a su hijo Esteban, de siete años, durante el funeral: “No se me suelte porque me da miedo que me lo quiten y lo maten”.
Cuando los acompañantes del funeral se detuvieron frente a la escuela en la que Greivyn estuvo por última vez, otra madre, Cayetana Díaz, frenó con un fuerte: “No”, el intento de su pequeño Jesús de soltarle su mano.
“Yo no quiero que a mi niño le hagan lo que le hicieron a Greivyn”, dijo.
El mismo cura que ofició el funeral, Luis Diego Barrantes, exhortó a padres y madres a poner más atención a la seguridad de sus hijos.
“Tienen que hacerlo, pues ya son muchos los niños que en los últimos tiempos han sido víctimas de todo tipo de violencia. Si no respetamos la vida de los más pequeños e indefensos es un signo de que estamos perdiendo nuestros mejores valores”.
Precisamente, la Policía detuvo ayer a otro hombre que figura como sospechoso del homicidio. Se trata de un nicaragüense que, al parecer, tuvo un problema con el niño el lunes anterior.
SIN PROGRESO
Al hacer un repaso de su vida, Genaro y Auxiliadora afirman que su permanencia en Costa Rica sólo les ha servido para sobrevivir. “No hemos progresado nada. Seguimos igual como cuando llegamos de Nicaragua”, dijo ella. La familia vino desde el departamento de Río San Juan, fronterizo con Costa Rica, a este pueblo ubicado 23 kilómetros al noreste de Ciudad Quesada.
Hasta ahora habían logrado sobrevivir a la pobreza, a 20 años de matrimonio con penurias económicas, pero la prueba más fuerte ha sido ésta, la de enfrentar el asesinato de Greivyn.
Actualmente, los Oporta viven en condiciones más que deplorables en un rancho de la Hacienda Kooper.
Se trata de un viejo y destartalado aposento de madera, de tan sólo tres metros de ancho por seis de largo, que usan como dormitorio y cocina.
“El problema es que sólo sé trabajar en el campo, ni siquiera puedo hacerlo en albañilería y menos en comercio, porque no fui a la escuela”, dice Genaro Oporta.
Y agrega: “Lo único que hemos hecho es rodar de acuerdo con las épocas de cosecha para aprovechar los baches que hay en fincas cafetaleras, de caña y cítricos”.
Él nació hace 40 años en la comarca San Antonio, mientras que su esposa nació hace 39 años en la comarca Las Colinas, en Nicaragua.