Emigrantes salvadoreños, insospechado motor de reformas para su país

Marcela Sánchez Varios médicos de El Salvador han hecho visitas a Washington en las últimas dos semanas. Pero además de los recorridos tradicionales por el Congreso o el Departamento de Estado, han hecho escala en los centros de otro gran poder local: la comunidad inmigrante salvadoreña. Los médicos, que junto a colegas en su país […]

Marcela Sánchez

Varios médicos de El Salvador han hecho visitas a Washington en las últimas dos semanas. Pero además de los recorridos tradicionales por el Congreso o el Departamento de Estado, han hecho escala en los centros de otro gran poder local: la comunidad inmigrante salvadoreña.

Los médicos, que junto a colegas en su país han estado en huelga desde septiembre, contra lo que ven como el intento del gobierno salvadoreño de privatizar el sistema de salud del seguro social, parecían contar con una audiencia receptiva en esta capital. Se trata de una audiencia en la que palabras como “privatización”, “liberalización comercial” y otras muletillas empleadas por funcionarios en Washington despiertan tanta sospecha y desconfianza como en otras comunidades a lo largo de América Latina.

Hoy, el medio millón de salvadoreños que se estima vive en Washington y sus alrededores ayudan a proveer casi uno de cada cinco dólares del Producto Interno Bruto de El Salvador. Por un total de US$2,200 millones al año, ese vital lazo económico es la manifestación más obvia de una poderosa unión entre inmigrantes y sus familiares y amigos en su país de origen.

VISIONES A KILÓMETROS DE DISTANCIA

Pero qué irónico, que precisamente aquellos que son la fuente más grande de recursos para El Salvador tengan tantos recelos sobre el papel jugado en ese país por sus propios vecinos en Washington. Puede que vivan a sólo cuadras de los poderosos funcionarios de Washington, pero su visión de El Salvador y su futuro parecen estar a muchos kilómetros de distancia.

Pregúntele a cualquiera que trabaja cómodamente en imponentes edificios como el del Banco Mundial o el Departamento de Estado, y le responderá con una resplandeciente imagen de El Salvador de hoy. Le dirá que es una de las economías mejor administradas de la región, que en una década logró superar la devastadora polarización política de una guerra civil y está ahora preparándose para aumentar su desarrollo por medio de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

Luego pregunte en la comunidad de trabajadores inmigrantes salvadoreños del Washington no oficial, la segunda comunidad salvadoreña más grande fuera de El Salvador, y probablemente se llevará una imagen muy distinta. Para ellos, los prometedores indicadores macroeconómicos son simples números que no se traducen en menos pobreza y mejores oportunidades en San Salvador, Chirilagua o San Miguel.

Esta brecha vale la pena cerrarla. El no hacerlo podría arriesgar el futuro progreso de un país donde reformas neoliberales han tenido éxito a pesar de las deterioradas perspectivas de dichas políticas a lo largo de la región.

DISCORDIA POR LA SALUD

Considere más a fondo el destino de la reforma a la salud, uno de los temas más conflictivos y apremiantes en la nación centroamericana de 6 millones de habitantes. Los médicos en huelga y su mensaje apocalíptico han encontrado una audiencia muy receptiva en inmigrantes de este país, que, preocupados de que sus familias requieran más dólares para cubrir servicios de salud más costosos, han empezado a movilizarse contra la privatización.

Por su parte, el gobierno salvadoreño insiste en que la privatización ya no es siquiera cuestión de debate en su país, y que su intención no es desmantelar un sistema de salud pública muy deprimido. Independientemente de ello, su reforma está estancada en una batalla ideológica que se ha politizado aún más a pocos días de las elecciones legislativas programadas para este domingo. Para los huelguistas y muchos en la oposición, la elección será una especie de referéndum sobre las políticas promovidas por Washington y adoptadas por el gobierno conservador salvadoreño.

No hay duda que los resultados del voto de este fin de semana definirán cómo se debatirán y aplicarán la reforma a la salud y otras futuras reformas. Y mientras el partido de gobierno, ARENA, puede estar agradecido de que los salvadoreños en el exterior no votan, sabe bien que, incluso si gana, no puede ignorar el impacto que los inmigrantes tienen en familiares y amigos que sí pueden hacerlo.

Hay que reconocer que la comunidad inmigrante salvadoreña, a diferencia de otras de la región, no está empecinada en acabar con el actual gobierno de su país. Por el contrario, ambos han tenido una buena relación de trabajo en el pasado.

Esa relación podría ampliarse ahora para responder a un reto todavía mayor. Hoy muchos gobiernos latinoamericanos deben mostrar que su cooperación con Washington no es incompatible con agendas sociales más amplias. Un importante impulso a ese esfuerzo podría venir si la percepción de los inmigrantes salvadoreños sobre las intenciones de Washington cambiara y la división entre ambos se redujera.

Además, considere el beneficio adicional: una comunidad con una mayor confianza en el sistema podría llegar a proveer el tipo de inversionista “extranjero” con conciencia social, poco común hoy en día pero especialmente necesario.

washingtonpost.com  

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