Tras su reelección en octubre pasado, para un nuevo período de 7 años como presidente, Saddam Hussein recibió esta espada como obsequio de los congresistas iraquíes. (LA PRENSA/AP)

Saddam Hussein: La pasión por el poder absoluto

Represión brutal, asesinatos, guerras devastadoras para su pueblo y el recurso oportunista al nacionalismo árabe. No hay nada que detenga a Saddam Hussein, el temible gobernante de Irak, que en estas horas enfrenta el mayor desafío de su vida. Ver fotosEL CAIRO Y BAGDAD.- Saddam Hussein ha tomado un país avanzado y poderoso y lo […]

  • Represión brutal, asesinatos, guerras devastadoras para su pueblo y el recurso oportunista al nacionalismo árabe. No hay nada que detenga a Saddam Hussein, el temible gobernante de Irak, que en estas horas enfrenta el mayor desafío de su vida.

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EL CAIRO Y BAGDAD.- Saddam Hussein ha tomado un país avanzado y poderoso y lo ha sumido en una época oscura que incluye dos guerras devastadoras y doce años de miseria bajo las sanciones de las Naciones Unidas.

La actitud desafiante de Saddam costó a Irak graves pérdidas en su guerra de 1980 a 1988 con Irán y en la guerra del Golfo Pérsico de 1991, que virtualmente liquidó su otrora poderoso ejército. Ahora, Saddam enfrenta una nueva guerra, en que los Estados Unidos se proponen derrocar a su otrora aliado, de una vez por todas.

El dictador, según cuenta su amigo, el ex premier ruso Yevgueny Primakov, está consciente del mortal peligro que se le avecina, pero está dispuesto a morir, porque su gran pasión, el poder absoluto, es mayor que el miedo a la muerte.

“Nací en Irak y moriré aquí”, habría respondido Hussein a la insinuación de un exilio que evitaría la guerra, según Primakov.

Incluso aquellos gobiernos árabes que se sienten menos entusiasmados ante las posibilidades de una guerra desean que Saddam desaparezca del escenario político iraquí sin mayor alharaca.

Saddam insiste en que ha cumplido con una resolución de las Naciones Unidas que le exigieron desarmarse, y los inspectores de armamentos de la ONU han vigilado la destrucción de sus arsenales de cohetes Al-Samud 2.

“No deseamos la guerra. Deseamos la paz”, dijo en marzo a los comandantes de la Guardia Republicana. “Pero no a cualquier precio. Deseamos una paz que garantice nuestro territorio, nuestra soberanía, la dignidad de nuestro pueblo y nuestros plenos derechos como ciudadanos libres”.

El nacionalismo de Saddam y su desafío a Estados Unidos es bien recibido en algunos países árabes, y si algunos de los 24 millones de iraquíes están disgustados con su gobierno, su represión asegura que mantendrán sus opiniones para sí mismos.

CAMINO AL PODER TEÑIDO DE SANGRE

Su imagen adorna calles y oficinas en cientos de vestimentas diferentes, desde mariscal de campo hasta guerrero medieval árabe. Pero rara vez se lo ve personalmente, el gobernante se traslada con frecuencia de un palacio a otro a fin de frustrar cualquier intento de asesinato.

Saddam, que proviene de un clan campesino de Tikrit, un pueblo del Tigris a 120 kilómetros al norte de Bagdad, conspiró y mató para llegar al poder.

Se inició en la “alta política” colaborando en el golpe de estado que llevó al poder al Partido Socialista Árabe Baath en 1968. Pronto, Saddam se destacó como matón del nuevo gobernante, el general Ahmad Hassan al Bakr, mientras el gobierno iniciaba las purgas de sus opositores.

En 1969, más de 50 personas fueron ejecutadas por acusaciones de espionaje, entre ellas un grupo de judíos iraquíes.

Ya en julio de 1979, Saddam había desplazado a al Bakr y se había convertido en gobernante indiscutido de Irak.

LA GUERRA CON IRÁN

Tras derrocar a al Bakr, Saddam ordenó la ejecución de 22 altos funcionarios, y participó incluso en sus pelotones de fusilamiento.

En 1980 declaró la guerra a Irán, un conflicto que ocasionó cientos de millares de muertos y duró ocho años. Fue apoyado por Estados Unidos y Europa Occidental, temerosos de la amenaza del radicalismo musulmán que representaba Teherán. Recibió armas, dinero e informaciones de inteligencia militar sobre las tropas enemigas iraníes, contra las cuales usó armas químicas, construidas gracias a la ayuda estadounidense y europea.

En 1990, impulsado por sus sueños de dominio regional, invadió al vecino Kuwait.

Una coalición encabezada por los Estados Unidos lo expulsó de Kuwait en apenas 100 horas de lucha, durante las cuales sus soldados se rindieron desordenadamente.

Una serie de sanciones impuestas entonces por las Naciones Unidas deberán permanecer en vigor mientras Irak no sea declarado libre de armas químicas, biológicas y nucleares.

Saddam mantiene que sus programas armamentistas ya han sido desmantelados, pero el mundo continúa escéptico y los Estados Unidos insisten en que el gobernante iraquí debe ser derrocado, por la fuerza si es necesario.

LA BRUTAL CAMPAÑA CONTRA LOS KURDOS

Sus campañas contra los kurdos rebeldes de Irak en la década de 1980 dejó un saldo de 180,000 desaparecidos, que se presume murieron. Bagdad utilizó armas químicas para matar a 5,000 kurdos-iraquíes en el norte y envió tanques para aplastar a los musulmanes chiítas disidentes en el sur.

Historias repulsivas, como las torturas de niños frente a sus padres, han creado la imagen de un régimen monstruoso.

En la televisión, el gobernante de 65 años parece ser una figura paternal, decidida a enfrentar el reto de Estados Unidos y más interesado en construir escuelas y hospitales que en fabricar armas de destrucción masiva.

“Lleven mis saludos a los combatientes y a los familiares de todos ustedes’’, dijo Saddam a los comandantes tras una reciente alocución. “Que Dios los proteja’’.

LA FAMILIA

Hoy día, Saddam confía en pocos individuos, aparte de sus hijos Qusai —su presunto heredero— y Odai, quienes encabezan sendas unidades de seguridad altamente especializadas. Otros familiares del líder han sido menos afortunados. En agosto de 1995, dos yernos de Saddam, que eran también sus primos, pasaron con sus esposas a Jordania. Se les hizo creer luego que habían sido perdonados, y ambos decidieron regresar a Irak con sus esposas. En apenas 72 horas ambos habían muerto y sus cónyuges no volvieron a ser vistas jamás.

Con informaciones de AP y otras agencias de prensa.  

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