Justo Pastor Ramos
Por la fe se ve todo desde el punto de vista más elevado, a saber, desde el punto de vista de Dios; con este pensamiento divino, Nindirí la tierra “sagrada” tejida de frondosos madroños, sacuanjoches, caraos y cocoteros que alzan con el canto de enamorados cenzontles y zorzales cual ángeles del amanecer recogiendo el rocío del alba, recuerda con devoción piadosa la tórrida erupción del arrogante volcán Masaya que hace 231 años vomitara de su boca de fuego una gran avalancha de lava que todavía intocada y marchita es mudo testigo del dolor y la muerte.
Nindirí y Masaya fueron conmovidos por la ira candente del viejo Popogatepe que intempestivamente arrojada crepitante fuego sobre los fértiles campos donde tantas veces florecía la espiga que acarició la brisa del húmedo rocío, sepultando eternamente vida y hacienda del tranquilo ancestro Chorotega, así como el barro que amasaran las manos de la vieja estirpe cuyos vestigios descansan en los museos expresando las huellas de milenarias culturas, quizás babilonios, egipcios, o teotihuacanas.
Nindirí legendario y poético, creyente de la naturaleza divina, recuerda este doloroso suceso llevando hoy como ayer en procesional rogativo la sagrada imagen del “Señor de los Milagros” que aquel 16 de marzo de 1772, cuando la liturgia de la Iglesia Católica recordaba el Evangelio de San Juan (“Yo soy el pan de la vida… quien comiere de este pan vivirá eternamente) conjurara la ira del coloso embravecido satisfaciendo el ruego de los creyentes que se sentían amenazados por el exterminio y la muerte.
El ensorbebecido coloso que tiempos anteriores había igualmente sembrado la muerte, cual custodio de leyendas fantasmagóricas atraía la admiración de cuantos le conocían, así el cronista Fernández de Oviedo al visitarlo el 26 de julio de 1526 sorprendido escribió: “He visto a Vulcano y subido hasta su cumbre, he oído en Sicilia hablar de aquel Mongibel que los antiguos llamaban Etna, he oído en Grecia, en la provincia Lacónica, del Ténaro y de su boca oscura, como el monte chimera en Llicia en el llano de Babilonia que parece un lago de fuego, y en Etiopía cerca del monte espero que en las noches parece estar lleno de estrellas, del volcán de las islas Líparis, de otro monte cerca del mar de Calidonia que continúa en llamas, pero a mí me parece que ninguno de ellos es de tanta admiración ni tan, notable como este que llaman Masaya”.
Masaya o Massais, con su hornalla fulgurante es un monstruo miocénico que parece dormitar, echado sobre su lecho de negra escoria salpicado de fumarolas, consigna en su historia un rosario infinito de erupciones lávicas cuyo paso se pierde sobre el camino de lejanos milenios, dejando para nosotros sus más recientes actividades inscritas en el calendario de los años: 1670 cuando deja escapar incandescentes corrientes de lava por el lado norte que asolan la cofradía de San Miguel y llena de dolor a los pobladores circunvecinos; 16 de marzo de 1772, sin duda alguna la más trágica y dolorosa porque siembra la muerte y la desolación en un radio de 7 kilómetros alrededor de Nindirí y que la providencia divina mediante el crucificado “Señor de los Milagros” realiza el “Milagro de la Fe” apagando con un movimiento de su mano derecha la tempestad ígnea que furiosa amenazaba sobre Nindirí y Masaya.
El 25 de abril de 1852, otra erupción desata de nuevo el temor con temblores y retumbos subterráneos donde también las lagunas de Masaya, Tiscapa, Asososca y Apoyo, hirvieron de manera simultánea; en 1858 un terremoto sacude a Granada y Masaya y en 1898 otro terremoto convulsiona a Chinandega reactivando al Volcán San Jacinto de esa región y le son atribuidos al Volcán Masaya como le fuera también el de la Colonia Centro América de Managua.
Así sucesivamente continúan desarrollándose actividades que si bien es cierto, son menos trascendentes que las anteriores, siempre causan pánico y alarma en el pueblo y de esta manera nos hacemos al 25 de junio de 1902, al 14 de diciembre de 1919 y al 27 de febrero de 1927, cuando una descomunal eclusión se llevó al fondo del cráter las instalaciones que dos alemanes habían construido para succionar los gases e industrializarlos. En 1946 después de casi 20 años de calma reinicia la actividad exhalando de sus quemantes entrañas grandes emanaciones de gases (anhídrido sulfuroso y ácido clorhídrico) que son altamente deshidratantes y devastan los cafetales de las sierras de Managua, lo que hace que el Gobierno de la República llame al geólogo, Dr. Ray E. Wilcox, para buscar una solución al problema mediante el estudio de esos gases.
Admirado y estudiado por muchos, el volcán Masaya ofrece un abundante contenido histórico, religioso y científico; Fray Francisco de Bobadilla, Fray Bartolomé de las Casas, quien a la luz de la lumbre del volcán rezaba matinalmente sus laúdes y amitines, Fray Toribio de Benarente, Antonio Vázquez de Espinoza, John L. Stephens que en 1840 admirado por el paisaje cósmico adelantó que era un lugar propicio para la recreación y el turismo, Raúl Von Seebah, en 1865 hace la primera descripción científica del volcán que luego continúa Ralúl Von Sapper.
Hoy los nindirises reafirman su fe y expresan su gratitud al “Señor de los Milagros” pidiendo al Dios Creador que la fe ilumine el pensamiento de todos, para que unidos bajo el impulso espiritual de esa fe, y que todas las personas se puedan abrir paso entre lo intrincado del alma y mediten ante el manto de negra escoria que se extiende salpicado de helechos y plantas, como avizorando el regreso de la fertilidad.
El autor es historiador.