La Cuaresma política

José Rizo Castellón

Los temas recurrentes de la política doméstica han causado un enorme desgaste entre los líderes de los partidos y en la opinión pública, que observa cada día cómo sus intereses vitales siguen siendo postergados en la agenda de los dirigentes.

Las demandas simplistas y maniqueas sobre la definición del Vicepresidente, en el sentido que si debe estar con el Partido o con el Gobierno, sólo pretenden enredar a la población. Es evidente que el Vicepresidente fue elegido por las bases liberales y los sectores democráticos de Nicaragua y que puede ser liberal y disentir del gobierno en aquellas políticas que se oponen a los lineamientos liberales y al mismo tiempo puede ser gobernante y oponerse a las políticas erróneas del partido que chocan con los intereses de la mayoría de nuestra población.

Creo que centrar la discusión de manera interminable entre un hipotético PLC “bolañista” y un PLC “arnoldista” es hacerle el juego a los que apuestan a una mayor división en las filas liberales con obvios propósitos electorales. En este contexto, lo sorprendente no es que los antiliberales alienten y magnifiquen la controversia para sacar provecho, sino que algunos dirigentes liberales caigan en esa trampa elemental. Por eso, en mi opinión, debemos reorientar el debate en la dirección correcta.

Estoy firmemente convencido que el problema fundamental del PLC está ligado a la necesidad de su modernización y a los grandes desafíos que eso implica. En primer lugar, hay que abrir un intenso debate sobre la visión liberal de la democracia al interior de nuestro partido. Paralelamente a esa discusión participativa, iniciar un profundo proceso de reformas partidarias y, por último, fijar nuestras posiciones sobre los temas y proyectos fundamentales del Estado, en particular aquéllos que tienen que ver con la eliminación de la pobreza y la generación de empleos dignos y estables para nuestros compatriotas.

En la turbulenta historia de Nicaragua el liberalismo ha demostrado suficiente capacidad de recuperación y de convocatoria, a pesar de las crisis que nos han afectado. Pero, en esta ocasión, podemos perder la brújula de la historia si seguimos enfrascados en un debate obsoleto alrededor de posiciones intransigentes que sólo benefician a unos cuantos, pero que poco o nada interesan a la mayoría de los nicaragüenses.

En los asuntos de Estado hay grandes retos en materia de educación, salud, empleo, tecnología, inversiones, prevención de desastres y modernización del estado, entre muchos, pero no todos los liberales estamos acompañando a nuestro pueblo en la lucha por sus legítimos intereses y aspiraciones.

Hoy prevalecen dos actitudes negativas que debemos resolver para romper la dinámica que está sumergiendo al PLC en un errático proceso de desgaste y desintegración. Por una parte, la de los nostálgicos que sólo viven en función del pasado. Por otra, la de los que quieren desesperadamente heredar un liderazgo que no se han ganado. Ambas posiciones son inaceptables y los liberales de las bases y de la dirigencia, que no comparten los métodos autoritarios de la cúpula dominante, deben impulsar con coraje, inteligencia, responsabilidad y patriotismo, la reforma del Partido Liberal para corregir el rumbo equivocado.

La Cuaresma es un buen momento para reflexionar sobre cómo hacer buena política y trabajar en función de los intereses incuestionables de los nicaragüenses.

El autor es Vicepresidente de la República de Nicaragua.  

Editorial
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