¿Acaso es Nicaragua un basurero?

María José [email protected]

Hace algunos días escuché por televisión a unas personas argumentar que Nicaragua, como segundo país más pobre de América, no podía limitarse a importar solamente vehículos con seis o menos años de uso porque éstos tendrían un precio más alto y serían inaccesibles para los bolsillos de los pobres y de la clase media. Y me pregunté: ¿Es que acaso Nicaragua por ser el segundo país más pobre del Continente, tiene que ser además el basurero del mundo? ¿De qué le sirve a Nicaragua seguir importando los vehículos que desechan Japón y Corea, mientras la gran mayoría de las personas viajan en buses y camionetas en condiciones infrahumanas?

En lugar de llenar las calles (que no hay) de vehículos que contaminan el ambiente y maximizan los problemas de tránsito y seguridad, ¿por qué no importar buses u otros medios de transporte colectivo que estén en buenas condiciones y que le brinden la oportunidad a las personas de movilizarse de una manera más barata, eficiente, cómoda y segura?

Managua, después del terremoto de 1972 ha crecido muy dispersa y sin orden alguno; no existen aceras para la circulación segura de los peatones y la red vial, además de ser muy limitada, está en malas condiciones. Hasta la fecha ninguno de sus alcaldes se ha preocupado por elaborar y poner en práctica una buena planificación urbana. Con todos estos problemas no se necesita agregar uno más a la lista, abarrotando las pocas calles de la capital con miles y miles de vehículos que ya sobrepasaron su vida útil y que en sus países de origen ya estarían reciclados.

El “caballito de batalla” de los importadores de autos usados ha sido que los pobres y la clase media no podrán adquirir un vehículo. Opino que a los verdaderamente pobres no les interesa adquirir un vehículo por muy barato que sea, ya que sus prioridades son otras, muy diferentes a las de mantener un auto; sin embargo, seguramente estarían felices de que los medios de transporte colectivo les ofrecieran un servicio digno. En el caso de la clase media posiblemente optarían por utilizar el transporte colectivo si éste mejorara tangiblemente, y así en lugar de gastar su dinero en el mantenimiento y reparación de un vehículo propio, lo invertirían en comprar una casa. Además, creo que si finalmente decidieran adquirir un auto usado, les conviene más que éste sea uno más seguro y con más tiempo de vida útil, lo que compensaría el aumento de precio.

Nicaragua como país pobre que es no puede ni debe permitir la entrada indiscriminada de autos usados que generan muy pocos ingresos al Fisco y que implican mayores gastos en infraestructura, servicios públicos, manejo de desechos y problemas de salud.

Finalmente, y reflexionando sobre la actual situación mundial, en Nicaragua se deberían de empezar a tomar medidas con miras a un inminente racionamiento del petróleo. Esto sin lugar a dudas traería consecuencias funestas para la economía del país y en tales circunstancias, seguramente, la superabundancia de vehículos se convertiría en un problema más. Por lo tanto sería aconsejable racionalizar los pocos recursos que tenemos y canalizarlos a aquellas áreas que generen mayor cantidad de ingresos y darle a la fuerza laboral y productiva del país mayores y mejores condiciones para movilizarse.

La autora es psicóloga.  

Editorial
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