Ariel Montoya*
La última encuesta hecha por la firma M&R Consultores y publicada por el Diario LA PRENSA y Canal Dos a fines del mes pasado, demostró una vez más que cabalga sobre la atomizada calistenia política del momento, envalentonado por el liberalismo arnoldista, el liderazgo político liberal del mandatario Enrique Bolaños y de algunos de sus principales asesores, muy por encima del que pueda mantener el propio Arnoldo Alemán y quienes siguen siendo fieles a él.
En esa encuesta, la estampa del Presidente Bolaños, como la figura más importante del liberalismo actual, mantiene su popularidad a pesar del normal deterioro de la imagen que cualquier presidente tiene después de los primeros cien días de gobierno, y que en su gestión ya va por los cuatrocientos. La misma hace referencia a un apoyo considerable de un segmento que opina por la vigencia de un voto de confianza, sobre resultados mucho menores a éste que consideran necesario exigencias mayores sobre su gestión administrativa.
Los resultados de la mencionada encuesta resultaron ser óptimos para el liderazgo dentro del liberalismo nacional, puesto que demuestran con vivacidad matemática y estadística la resonancia de su personalidad frente a la nación, así como frente al arnoldismo. El cual, dicho sea de paso, queda sepultado como opción electoral al no opinar la población encuestada, ni por el supuesto fervor popular al “caudillo” Arnoldo Alemán, actualmente impugnado y juzgado por el sistema judicial por delitos de corrupción, ni por algunos de sus seguidores más cercanos y con peso dentro de esa cúpula como René Herrera, Yamileth Bonilla o cualquiera otra de las figuras femeninas altamente cercanas al ex mandatario.
Este hecho, no deja de ser un campanazo certero para aquellos liberales que creen aún en la resurrección política de algunas de estas figuras mencionadas, aferradas a la creencia mítica de un “único” líder, como en los mejores tiempos del camaraderismo ortodoxo de las izquierdas arbitrarias, o bien, de los sempiternos dictadores de las derechas decimonónicas.
Tanto la falta de credibilidad y respaldo popular en el sector del liberalismo extremista, como el sentir de la población en referencia al debate de un liderazgo convincente entre el arnoldismo, y lo que algunos empiezan a nombrar como el bolañismo, demuestran un nuevo rumbo en la tónica del quehacer político nicaragüense, situándolo una vez más, con la popularidad y credibilidad del mandatario actual, en una especie de expectativa política, generadora de una nueva actitud pública, hoy por hoy la más creíble y confiable en América Latina.
Mientras por un lado se derrumba la disparatada teoría de la redención popular en el caudillo cuestionado, por el otro, y muy a pesar de la difícil situación política administrativa que el Presidente Bolaños enfrentó en el 2002 en el inicio de su Gobierno, éste, “logra obtener un índice neto a favor de su gestión nunca visto antes en la historia democrática de Nicaragua”, según establecen recientes encuestas públicas realizadas anteriormente.
Este liderazgo cimentado en una nueva forma de hacer política, con transparencia, austeridad y equilibrio institucional, es el que a fin de cuentas se impone en la actualidad, el cual incluso trasciende al mismo liberalismo, puesto que está rompiendo con una serie de aditivos culturales enraizados en nuestra clase presidencial anterior a la actual. Es en este contexto en el cual se pulverizan según las cifras de la encuesta los viejos liderazgos, como el de Ortega en el sandinismo y el de Alemán en el liberalismo. Y a la vez, abre la perspectiva de un relevo dirigencial en figuras como José Rizo, Eduardo Montealegre, José Antonio Alvarado e incluso Pedro Solórzano, quien sin ser liberal, capta la opinión positiva de un sector del liberalismo nacional. Todas ellas, cobijadas por la sombra legítima de Enrique Bolaños.
* El autor es funcionario de la Presidencia de la República.
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