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Si la Policía multa a los conductores que violan la ley, los ciudadanos esperan que el dinero de esas sanciones al menos sea invertido para beneficio de la población, pero casi nadie sabe dónde termina la mitad de esos fondos.
El dinero de las multas pasa a las cuentas del Tesoro de la República y la Policía Nacional recibe la mitad que, en épocas “buenas” como Semana Santa o Navidad, significa hasta 2.5 millones de córdobas por mes.
Desconocemos el uso que le han dado a la otra mitad, porque el Ministerio de Hacienda maneja con discreción ese tipo de recaudaciones y su empleo posterior.
Por ejemplo, supimos de forma extraoficial que hasta diciembre pasado el gobierno recaudó 144 millones de córdobas por el impuesto del 35 por ciento que le aplica a los productos importados de Honduras. La población ignora en qué han invertido ese dinero las autoridades nicaragüenses, aunque se supone que con él han costeado la demanda que presentaron en la Corte Internacional Justicia de La Haya.
Funcionarios de la Policía estiman que las multas de tránsito dejan al año unos 50 millones de córdobas y esa institución recibe la mitad, 25 millones, que utilizan en repuestos para vehículos y combustible.
Parece que ninguna autoridad piensa en los peatones, esos miles de ciudadanos que caminan por las calles, expuestos a que los atropellen conductores desenfrenados o a caer en grietas por falta de andenes.
El año pasado, según registros de la Policía, 186 nicaragüenses murieron arrollados cuando circulaban a pie; y todavía ninguna autoridad se interesa en instalar semáforos peatonales, ni pasadizos adecuados en las vías más transitadas de Managua o en zonas peligrosas de otras ciudades importantes.
Hay puntos de Managua donde cruzar la vía implica arriesgar la vida, porque algunos conductores ni siquiera bajan la velocidad cuando ven pasar al peatón y éstos, a veces, sólo tienen tiempo de llegar al medio de la calle y, como malabaristas, quedan expuestos a que los atropelle un carro que va u otro que viene.
La Alcaldía de Managua, la encargada de ubicar los semáforos para el transporte, sólo ha construido algunos puentes de metal sobre pistas atestadas de carros, pero los pobladores prefieren arriesgarse antes que usarlos, porque tienen dificultad para escalarlos, porque llevan prisa o por temor a que delincuentes los asalten una vez arriba.
Un experto en seguridad vial me dijo que los semáforos peatonales son más baratos que los puentes de metal y favorecerían a más transeúntes, sobre todo a niños y ancianos.
Si suponemos que un semáforo peatonal cuesta 100 mil córdobas, bien podrían instalar 500 en un año en los cruces más peligrosos, invirtiendo el mismo dinero que pagan los conductores multados. Todo depende de que los funcionarios del gobierno y la municipalidad piensen un poco en los peatones.