La población civil sufrirá severamente las consecuencias de una guerra.

Avizoran horror humanitario

Alberto L. Alemá[email protected] En todos los conflictos bélicos, los civiles están entre las víctimas, ya sea como muertos, heridos, mutilados o desplazados. Según cálculos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), una guerra en Irak producirá cerca de 2.5 millones de nuevos refugiados que buscarán cómo huir a los países vecinos o se verán […]

Alberto L. Alemá[email protected]

En todos los conflictos bélicos, los civiles están entre las víctimas, ya sea como muertos, heridos, mutilados o desplazados. Según cálculos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), una guerra en Irak producirá cerca de 2.5 millones de nuevos refugiados que buscarán cómo huir a los países vecinos o se verán obligados a moverse a lo interno del país.

De acuerdo a estas estimaciones, 10 millones de personas podrían verse afectadas por una hambruna, y hasta 13 millones de personas podrían quedarse sin suministro de agua potable. Esta última cifra representa mucho más del 50% de la población iraquí, contabilizada en 24 millones de habitantes.

El espectro escalofriante de epidemias infecciosas y muertes masivas acompaña estas cifras, proporcionadas por la ONU recientemente. En Afganistán murieron de hambre unas 10,000 personas por hambre, durante el conflicto armado para acabar con el gobierno del Talibán en 2001, según la ONG internacional OXFAM.

“El conflicto puede generar unas pérdidas y un sufrimiento horrible”, expresó el secretario general adjunto para Asuntos Humanitarios de la ONU, Kenzo Oshima, que está al frente de los preparativos humanitarios internacionales por encargo del secretario general Kofi Annan.

Una de las cuestiones más graves sería la falta de agua potable, ya que dispararía las enfermedades infecciosas y la malnutrición, lo que según algunas organizaciones no gubernamentales costaría la vida al 30 por ciento del millón de niños de menos de cinco años que está malnutrido. Casi la mitad de la población iraquí es de menores de edad.

Oshima, que explicó que los planes no se basan sobre el peor de los escenarios, sino “sobre uno medio”, informó que la ayuda para Irak será cuatro veces mayor que la que se necesitó para Afganistán, por lo que estimó que serán necesarias 460,000 toneladas de alimentos al mes.

LAS SANCIONES Y PETRÓLEO POR ALIMENTOS

Tras la invasión de Kuwait por Irak en 1990, la ONU impuso sanciones económicas al régimen de Hussein, un embargo a las ventas de petróleo iraquí y la prohibición mundial de vender armas o materiales que sirvan para su fabricación.

En 1996, el Consejo de Seguridad accedió a suavizar el embargo petrolero y creo el Programa Petróleo por Alimentos, para permitir la obtención de fondos destinados a cubrir necesidades de la población civil iraquí como comida, atención médica y medicinas. Uno de cada dos iraquíes depende del programa para alimentarse, según OXFAM.

Según un artículo de la revista estadounidense especializada en Medio Oriente, Middle East Report, escrito por los analistas Sarah Graham y Chris Toensing, EE.UU. es el mayor comprador del petróleo iraquí en el marco del programa.

A pesar de todo lo que se dice, el embargo es en la región vecina, una farsa. Se conoce que el petróleo iraquí ha corrido por los oleoductos turcos y sirios ilegalmente, dando una fuente de dinero adicional al gobierno de Bagdad que no pasa por las manos de la ONU, que podría ser de hasta US$ 2,000 millones anuales, según Graham y Toensing. Jordania y otros Estados árabes estarían también involucrados en un comercio violatorio de las sanciones vigentes contra Irak.

Doce años de sanciones han producido un deterioro muy preocupante de la calidad de vida de la población civil iraquí.

La UNICEF (Organización de las Naciones Unidas para la Infancia) calcula que un millón de niños menores de 5 años está desnutrido, y en los últimos 12 años, el índice de mortalidad infantil en ese grupo de menores de 5 (131 por 1,000 nacimientos al año) aumentó en un 250% en comparación a 1989. Enfermedades prevenibles como la diarrea e infecciones respiratorias, provocan el 70% de las muertes infantiles. La mortalidad materna también está en aumento.  

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