Rosario Montenegro Zeledón*[email protected]
Nicaragua es uno de los países de Centroamérica, que en materia legal más protege y garantiza los derechos de los niños y adolescentes, a través de la Constitución, convenciones internacionales, el Código de la Niñez y la Adolescencia, y otras normas nacionales.
En 1990 ratificó la Convención Internacional de los Derechos del Niño, y en septiembre del 2000 el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las peores formas de trabajo infantil. Antes había suscrito el Convenio 138 que establece los 14 años como edad mínima para trabajar; además cuenta con una Política Nacional de Protección Integral a la Niñez y la Adolescencia para el período 2001-2005.
Precisamente la Convención señala que: “Los Estados Partes velarán porque el niño no sea separado de sus padres contra la voluntad de éstos, excepto cuando, a reserva de revisión judicial, las autoridades competentes determinen, de conformidad con la ley y los procedimientos aplicables, que tal separación es necesaria en el interés superior del niño…”
Sin embargo en Nicaragua muchos niños se encuentran bajo la tutela de terceras personas, sin que haya existido mediación del Estado, esto los deja expuestos a una serie de abusos.
Muchos no están creciendo con sus padres por la desintegración familiar, la irresponsabilidad paterna o por la deplorable situación socioeconómica. Esto hace que muchas niñas y adolescentes se incorporen en labores domésticas, que están clasificadas entre las peores formas de trabajo infantil, convirtiéndolas en presas fáciles no sólo de la explotación laboral, sino también sexual.
El Plan Estratégico Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil y Protección de Adolescentes Trabajadores indica al respecto que: “Aunque el trabajo en los llamados oficios domésticos es uno de los más generalizados en el trabajo infantil, una cuantificación confiable ha sido muy difícil ya que no se llevan registros actualizados al respecto y, muchas veces, los datos exactos no son proporcionados o se disfrazan bajo diferentes pretextos o consideraciones”.
Y es que el hecho de que las labores domésticas se realicen en el ámbito privado hace más difícil la intervención estatal o de cualquier organismo, cuando se presentan situaciones que ponen en riesgo la integridad física o psíquica de las pequeñas.
Según el artículo 73 del Código de la Niñez y la Adolescencia, en Nicaragua está prohibido que empresas, personas naturales o jurídicas contraten a menores de 14 años. Sin embargo sabemos que muchas niñas incluso de 6, 7 , 8 y más años están a cargo de las tareas más difíciles y agotadoras que se realizan en los hogares.
Muchas personas para protegerse ante la posibilidad de ser demandados por contratar a menores de 14 años, optan por dar otra denominación a las niñas que les realizan el trabajo doméstico, lo que en algunos casos agrava su situación pues ni siquiera reciben remuneración.
En estas condiciones se encuentran las niñas que son llevadas por sus madres como “ayudantes” para que les apoyen en los quehaceres domésticos en casas de terceros. Aquí el “empleador” no asume ninguna responsabilidad laboral, pese a que son obligadas a desarrollar múltiples tareas.
Y están las llamadas “hijas de casa”, una manera cruel de explotación laboral infantil, que yo la califico como una forma de esclavitud moderna.
En muchos de estos casos, se aprovecha la pobreza de los padres para pedir a las pequeñas para que ayuden en los quehaceres del hogar, a cambio se les promete que serán tratadas como “hijas de casa”, que tendrán alimentación, algo de ropa y hasta enviarlas a la escuela.
Pero ser “hija de casa” es una forma disfrazada de tener a alguien que realice las labores domésticas, sin la obligación de pagar un salario y sin el riesgo de enfrentar una demanda por contratar a una menor de 14 años y no cumplir con cualquier otra obligación laboral.
La Comisión Nacional para la Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil y Protección del Adolescente Trabajador, en su Plan Estratégico para el período 2001-2005 realiza una identificación preliminar de las peores formas de trabajo infantil en Nicaragua, entre las que se encuentra el trabajo doméstico realizado bajo las siguientes modalidades: hijas de casa, hijos de crianza, domésticas y niñeras.
Los departamentos —según este plan— donde más se da este tipo de explotación son: Chontales, Granada, Managua, León y Chinandega. En las labores domésticas están involucradas una gran cantidad de menores de 14 años, quienes están expuestas a riesgos tales, como asumir responsabilidades mayores a sus capacidades, maltrato físico y psicológico, jornadas extensas, explotación laboral, abuso sexual y físico, deterioro de su autoestima, déficit en el crecimiento físico e imposibilidad de ir a la escuela.
A muchas pequeñas trabajadoras domésticas se les dice que son “hijas de casa”, sin embargo no pueden sentarse a comer junto al resto de la familia, más bien deben atenderlos. Entonces éstas “hijas de casa” están creciendo con muchas interrogantes y en un ambiente lleno de discriminaciones, que al final las hará sentirse personas inferiores.¿Cuántas veces aprovechan el momento de dormir para llorar a escondidas todas sus frustraciones, así como por los regaños o recriminaciones que reciben por no haber realizado los quehaceres a como los señores lo demandaban? A ellas se les había dicho que tendrían un nuevo hogar, pero no tienen a quien trasmitirles sus angustias, sus temores, sus frustraciones.
Estas niñas y adolescentes están siendo expuestas a una serie de riesgos, que pueden dejar huellas para el resto de sus vidas.
Tal es el caso de “Hezzel”, una adolescente quien expresa que, “ser empleada doméstica es un riesgo; los hombres de la casa siempre quieren abusar de uno, nos tocan y si no nos dejamos nos amenazan con corrernos….”
Y es que los recuerdos de esta pequeña se restringen a situaciones relacionadas con su oficio, como el que tiene de cuando apenas iba a cumplir sus 6 años. “Iba a chinear un niño y por ello me pagarían 100 pesos y la señora dijo que me ayudaría para entrar a la escuela, fue mentira yo llegaba desde las 5 de la mañana y regresaba de noche a la casa, como a las 7, y hacía muchas cosas, además de pasar cargando al niño, la señora se enojaba mucho porque decía que nada sabía hacer, que era una burra…”
Al igual que “Hezzel”, las niñas que realizan labores en casas de terceros, están expuestas a una serie de riesgos, como el abuso sexual, pero también a otros relacionados directamente con su labor. ¿Cómo una persona de 6 años, puede cuidar a otro niño?
En el libro “El trabajo infantil y adolescente doméstico…pesa demasiado”, que recoge historias de niñas de Centroamérica, México y República Dominicana, ellas dicen que uno de esos riesgos es cuidar niños y sienten miedo de no saber que hacer en caso que se presente un accidente, un terremoto, un incendio. Así que además del peligro para ellas mismas, también lo están las personas que se les ha encomendado cuidar.
Las niñas de las historias también consideran un riesgo hacer mandados, ya que muchos “borrachos” las tocan y las acosan en las calles; también sienten temores de sufrir accidentes o ser asaltadas. Por ello considero que los organismos que trabajan en pro de la niñez y la adolescencia deben interesarse de verdad por este sector, sobre el que ni siquiera existen datos, pese a que está considerado como una de las peores formas de trabajo infantil.
Existe una falta de información sobre la problemática de este sector, por lo que sugiero a organismos como Conapina y otros que realicen mayores estudios e investigaciones sobre el trabajo doméstico de las niñas y en especial sobre las “hijas de casa”.
Otra dificultad es que pese a que es una labor muy común y con muchos riesgos para quienes la practican, es una de las más “invisibles” dado que se realiza en el ámbito privado, lo que hace difícil la intervención del Estado y de los particulares.
Es por ello que considero que se debe empezar a hablar del tema tanto en el seno de los organismos e instituciones estatales y buscar cómo incorporarlo en la agenda de los medios de comunicación y de otros sectores.
Un buen comienzo podría ser la realización de una encuesta nacional para determinar la cantidad de niñas y adolescentes incorporadas a esta labor, y las condiciones en que las realizan. También se debe conocer y divulgar sus historias, para empezar a sensibilizar y a hacer algo para cambiar el destino de estas niñas y por ende de la sociedad.
El artículo 76 del Código de la Niñez y la Adolescencia señala que “El Estado, las instituciones públicas o privadas, con la participación de la familia, comunidad y la escuela, brindarán atención y protección especial a las niñas, niños y adolescentes… Cuando trabajen y sean explotados económicamente…”.
Pero al parecer esta preocupación sólo se refleja en las leyes, ya que nuestra niñez sí está siendo explotada bajo diferentes modalidades, como las “hijas de casa”, y mientras no hagamos algo concreto, podemos suscribir todos los convenios del mundo, pero no pasaremos de ser un país de papel.
* La autora es periodista (resumen de su Ensayo presentado en el Postgrado sobre Derechos de la Niñez y Medios de Comunicación de la UCA).