Imposible ser competitivos

Eduardo Enríquezeduardo.enriquez@ laprensani.com

Uno puede obtener la mejor gasolina para hacer funcionar un motor, pero si está atascado, el combustible no va a servir de nada. La referencia la doy porque dicen que la empresa privada es “el motor” de la economía. Si eso es así, nuestro motor está atascado, y aunque se encuentra en ese estado por muchas razones, una muy importante es claramente el dinero caro.

El presidente Enrique Bolaños y el ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre, han reconocido que si Nicaragua quiere salir del atolladero económico debe producir más, pero para eso hay que poner a disposición la plata y generar esa producción. Esa plata tiene que ser barata y fácil de obtener, lo que no quiere decir que sea fácil no pagarla.

El problema del dinero caro quedó en evidencia esta semana con el “préstamo concesional” de 30 millones de dólares que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó para las pequeñas, medianas y micro empresas de Nicaragua.

Ese es un préstamo clave, pues lo que mueve un país son las pequeñas empresas que como hormiguitas van construyendo las grandes economías. Los mega proyectos más bien son potenciales fuentes de corrupción porque hay demasiado dinero concentrado en pocas manos.

Sin embargo, este préstamo, que sale de las manos del BID en términos verdaderamente concesionales —a 40 años de plazo, con 10 de gracia y con un interés anual del 1 por ciento durante la gracia y dos por ciento después— llega a las manos del usuario final, o sea, al pequeño y mediano empresario como cualquier préstamo comercial. Es decir, con un interés entre el 12 y el 18 por ciento.

¿Por qué? Por el largo camino que este dinero tiene que recorrer y porque en ese camino hay una entidad —gubernamental para variar— que se queda con una monstruosa tajada.

La ruta, y los respectivos recargos, es la siguiente: El BID, que cobra el uno por ciento de interés durante los primeros 10 años en que no tenemos que pagar nada, pone la plata en el Fondo Nicaragüense de Inversiones, que de entrada se queda con 900 mil dólares para el “fortalecimiento institucional del FNI”.

Luego el FNI pasa los 29.1 millones restantes a los bancos comerciales, pero —asústense— cobrándoles una tasa de interés entre el 6.5 y el 7.5 por ciento ¿para qué? “para cubrir costos y para fortalecer su funcionamiento”, dice don Marcos Narváez, gerente del FNI. O sea, esa tasa es además de los 900 mil que ya rebanó el FNI del préstamo original ¿Qué clase de monstruosidad es esta institución que necesita tanto dinero?

Después vienen los bancos. Según su desglose, aumentan un 2 por ciento por gastos operativos y un 2 por ciento más de “spread” o ganancia. Con eso ya llegamos al 11.5 por ciento, y eso sin contar los “aprovisionamientos” que tienen que hacer los bancos por cada préstamo y otros gastos que fácilmente lo llevan al 15 por ciento. Pero si el préstamo es para una micro empresa que está, digamos, en Wiwilí, entonces el banco se lo pasa a una ONG y el interés ahí puede llegar al 20 por ciento.

Los banqueros y funcionarios alegan que ese interés es “un avance” porque antes el dinero estaba disponible a tasas del 36 por ciento o más. Pero ése es un consuelo de tontos, porque mientras en Costa Rica ningún préstamo comercial pasa del 9 por ciento, aquí la “ganga” nos cuesta el doble. Imposible ser competitivos.  

Editorial
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